13 clavos, un cerebro y ningún defecto: un milagro

Hay casos, y cosas, que no dejan de sorprendernos, y aquí hoy os presentamos un tema que cuando menos impresiona. Se trata de un caso clínico publicado en Brain Injury (2014) por Linda M. Posthuma y otros colaboradores. Un hombre de 55 años acudió a emergencias en estado comatoso leve (Escala de Coma de Glasgow de 12 sobre 15) y con dos heridas de clavo penetrantes en la parte frontal de la cabeza. Los médicos no observaron ningún otro déficit.

En la exploración se le practicó una tomografía computerizada y se encontraron nada menos que 13 clavos dentro del cráneo, situados a ambos lados del cerebro, en los lóbulos temporales izquierdo y derecho, y alrededor de lo que se denomina el polígono de Willis (un círculo de arterias situado en la base del cerebro). 

Ya es impresionante que alguien con esta situación pueda sobrevivir y de hecho acudir al hospital por su propio pie. Pero aún sorprende más que, después de la cirugía, los médicos afirmen que no observaron déficits neurológicos ni cognitivos residuales. De entre las posibles explicaciones se menciona el diámetro pequeño de los clavos, pero sabemos que a veces lesiones muy pequeñas pueden ocasionar cuadros clínicos muy complejos si se sitúan en lugares estratégicos del cerebro. Además, en este caso en particular, hay motivos para anticipar posibles déficits de memoria puesto que se observaron lesiones en los lóbulos temporales incluidas las regiones hipocámpicas a nivel bilateral. Según los autores, el paciente sólo presentó alteraciones de memoria episódica en la primera semana después de la operación y después nada más.

No es el único caso. Hay algunos otros en la literatura, no demasiados puesto que este tipo de lesiones no es muy frecuente. Nath y su equipo comunicaron otro caso en 2012 (Indian Journal of Otolaryngology and Head & Neck Surgery) en el que un varón de 35 años había intentado quitarse la vida clavándose un clavo gigante en la cabeza (17 cm de largo x 1.5 cm de ancho), introduciéndolo por uno de los oídos y atravesando completamente la cabeza hasta el otro lado. De nuevo, no solo consiguió sobrevivir, sino que a los 6 meses de seguimiento no presentaba ningún tipo de déficit neurológico más allá de una afectación parcial de la audición.

Otro caso de ‘clavo único’ lo han presentado Lovely Chhabra, George M Abraham y Gerald T McGillicuddy (Lancet, 2014). Después de un accidente doméstico, un varón de 46 años se presentó en el hospital con un dolor de cabeza. ¡Y se había disparado accidentalmente un clavo de más de seis centímetros de largo en la parte frontal de la cabeza! Nuevamente, sin presentar más problemas neurológicos focales, se recuperó sin más problemas y fue dado de alta.  

Esto no es lo habitual y otros muchos casos en la literatura científica lo demuestran. Además, ya conocemos casos como el de Phineas Gage, quien después de que una barra de hierro atravesase su cabeza no mostró déficit cognitivos pero sí cambios en la personalidad y en el comportamiento que le impidieron llevar una vida socialmente ajustada tras su recuperación. Quizá en los casos anteriores sucedan cosas parecidas, cambios en la forma de ser, en la toma de decisiones, que necesitan de una evaluación neuropsicológica pormenorizada y un seguimiento en el tiempo. De momento todo lo que podemos hacer es seguir sorprendiéndonos con este órgano maravilloso: nuestro cerebro.