Accidentes isquémicos transitorios: ¿afectan a la cognición?

Cuando alguien sufre un infarto cerebral grave nos resulta lógico pensar que las secuelas son más que probables. Sin embargo, las cosas no son tan intuitivas en aquellos casos en los que se sufre un ‘accidente isquémico transitorio’ o un ‘infarto menor’. Un porcentaje importante de las personas que sufren este tipo de eventos en su cerebro muestran algún tipo de alteración cognitiva que aún no se ha explorado en profundidad.

Este ha sido uno de los objetivos de Peter Sörös, del London Health Sciences Centre en Ontario (Canadá) y  diversos colaboradores. En su trabajo contaron con la participación de 140 pacientes con un daño cerebral focal de carácter isquémico cuya duración fuese menor de 24 horas. A todos ellos se les realizó una evaluación neuropsicológica compuesta por el MMSE, un test de cribado (o de screening), el test del Reloj, el subtest de Juicio del Neurobehavioral Cognitive Status Examination y el Trail Making Test, un test de velocidad psicomotora y de flexibilidad mental.

Los resultados han aparecido recientemente en Journal of Neurological Sciences (2015) y en ellos se encontró que más de la mitad de estos pacientes mostraron alteraciones en una o más puntuaciones de los test aplicados. De hecho, casi un tercio de ellos tenía alteraciones en dos o más tests.

La prueba en la que más pacientes rindieron mal fue el TMT tanto en su parte A (unir unos círculos con números y hacerlo de forma correlativa lo más deprisa posible) como en su forma B (unir de forma alterna números y letras siguiendo el orden alfabético). Son pruebas que miden algunos aspectos de las funciones ejecutivas como la flexibilidad mental, la capacidad para realizar una tarea compleja y la velocidad de procesamiento.

De forma importante, sólo un pequeño porcentaje de los individuos tuvo un rendimiento alterado en MMSE, uno de los tests de cribado más utilizados en las consultas y que es poco sensible a las alteraciones en las funciones ejecutivas.

Los autores concluyen que, según sus resultados, parece necesario realizar evaluaciones más específicas a este tipo de pacientes considerando la alta prevalencia de problemas ejecutivos que presentan.

Más allá de las conclusiones del artículo, sería interesante plantear la posibilidad de rehabilitar o entrenar las capacidades mentales afectadas en estas personas, y ayudarles así a manejarse mejor en su vida diaria.