Alois Alzheimer, el alemán que coleccionaba recuerdos

Cuando Alois conoció por primera vez a Auguste, jamás pensó que aquella paciente le cambiaría tanto la vida. Sería el 25 de noviembre de 1901 cuando la mujer ingresó por primera vez en el hospital de Frankfurt con signos de demencia. Su marido le explicaba al médico alemán el progresivo deterioro cognitivo que había experimentado su esposa durante el último año, manifestando síntomas de desorientación, confusión y olvido de pequeños detalles.

La revisión clínica de la paciente condujo a la primera descripción del hoy conocido como mal de Alzheimer, un trastorno neurodegenerativo que provoca la pérdida progresiva de la memoria. El propio Alois Alzheimer escribiría de su puño y letra los síntomas que manifestaba Auguste, al entrevistarla personalmente:

"Ella permanece sentada en la cama con expresión de impotencia. Le pregunto: ¿cuál es su nombre? Auguste. ¿Y su apellido? Auguste. ¿Y el nombre de su esposo? Auguste, yo pienso. ¿El de su marido? Ah, mi marido (ella mira como si no comprendiera la pregunta). ¿Está usted casada? Con Auguste. ¿Sra. D? Sí, con Auguste D." 

Alzheimer - Unobrain 

La investigación clínica de Alois Alzheimer cambiaría para siempre la historia de la neurociencia. Este psiquiatra nació en 1864 en la pequeña localidad de Wurzbug, rodeada de viñedos y situada en el centro de Alemania. Desde muy joven demostró su interés por las ciencias naturales, por lo que decidió estudiar medicina en las universidades de Berlín, Tubingen y Wurzburg. En la capital alemana sería el alumno aventajado de Wilhelm Waldeyer-Hartz, el patólogo que acuñaría por primera vez el término 'neurona'.

Tras terminar la carrera, Alzheimer decidió proseguir su formación realizando la tesis doctoral sobre las glándulas ceruminosas del oído. Esta investigación le permitiría aprender las técnicas básicas para realizar láminas histológicas, o lo que es lo mismo, introducirse en el estudio de los tejidos de los seres vivos. 

Dos décadas después de alcanzar el grado de doctor, Alois Alzheimer se había convertido en un experto en el estudio de la anatomía patológica y normal de la corteza cerebral. Gracias a su trabajo, el alemán realizó extensas investigaciones sobre la neurobiología y neuropatología del envejecimiento, así como de otros temas relacionados con la epilepsia, el alcoholismo o la arterioesclerosis del cerebro.

Su conocimiento de las diferentes regiones de la mente fue clave para realizar un certero diagnóstico sobre la enfermedad que padecía Auguste Deter. Coleccionando sus notas clínicas envueltas en destellos de desmemoria, Alzheimer fue capaz de seguir a la paciente. La mujer murió cinco años después de su ingreso en el hospital de Frankfurt ante la impotencia de familiares y médicos. Los resultados de las entrevistas con el psiquiatra no fueron suficientes: tenían que evaluar qué había ocurrido en su cerebro para entender sus cambios de comportamiento y el olvido al que había sido condenada.

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Cuando Deter falleció en 1906, Alois Alzheimer pidió a su familia que le dejaran estudiar su cerebro. El investigador tenía ante sí un reto fundamental: desentrañar los secretos de la mente de la mujer, que la habían conducido a un estado general de desorientación, paranoia, alucinaciones y dificultad en el habla. Su trabajo durante la tesis fue crucial para que el psiquiatra realizara las preparaciones de las láminas histológicas de la corteza cerebral, encontradas muchos años después en un cuarto subterráneo de la Universidad de Munich.

Alzheimer encontraría en sus preparaciones múltiples células con placas amiloides y ovillos neurofibrilares, dos de las características más claras de este trastorno neurodegenerativo. Sus resultados serían presentados en el 37º Encuentro de Psiquiatras del sureste de Alemania, con la presentación titulada "Una enfermedad característica de la corteza cerebral". La historia clínica de aquel diagnóstico certero sería publicada por completo en la revista Allgem Z Psychiatr Psych-Gerich Med y sin duda, marcaría un antes y un después en la historia de la medicina.

La investigación de este coleccionista de 'recuerdos', en forma de estudios clínicos y preparaciones histológicas, resulta imprescindible para entender hoy el papel de la neurociencia para abordar el mal de Alzheimer. Los pacientes condenados al olvido deben mucho a este médico alemán, que supo ver donde otros no veían y ser lo suficientemente audaz como para entender la pérdida de memoria de estas personas.

Imágenes | Jarmoluk (Pixabay), Garrondo (Wikimedia)