Asesinos y Neurociencia ¿Hacia una Neurocriminología?

Está comprobado. Las Neurociencias se abren camino de disciplina en disciplina, participando y enriqueciendo distintos campos de trabajo. En esta ocasión le toca el turno al mundo de lo criminal.

En un interesante artículo que encontramos en Criminal Justice and Behavior, Robert E. Hanlon y sus colaboradores (2013) nos explican la posibilidad de clasificar y/o distinguir a los asesinos en base a su perfil neurocognitivo, más allá de sus perfiles psicológicos y sociales, mucho más tradicionales en las evaluaciones de estos individuos.

Para comenzar, exponen una distinción entre dos tipos de violencias, reactiva vs. instrumental, que caracterizarían  a sendos tipos de homicidas, impulsivos vs. depredadores. Veamos:

Figura 1. Características  principales de los tipos de violencia y homicidas.

Su estudio es uno de los pocos que pretende evaluar de forma exhaustiva el perfil neuropsicológico de un grupo de presos condenados por asesinato en primer grado. Siguiendo la clasificación anterior, dividieron la muestra en dos grupos, 44 clasificados como ‘afectivos/impulsivos’ y 33 como ‘depredadores/instrumentales’.

Les aplicaron una batería de test que se usan comúnmente en el campo de la evaluación neuropsicológica y también una completa serie de pruebas que se utilizan para controlar la simulación de síntomas (Tabla 1).

Tabla 1. Pruebas de evaluación usadas en el estudio.

Los análisis estadísticos revelaron los siguientes hallazgos:

1. El cociente intelectual del grupo clasificado como ‘depredadores/instrumentales’ se encontraba en torno a la media pero el del grupo ‘impulsivo/afectivo’ fue descrito como ‘borderline’, ya que rindieron significativamente muy por debajo en todos los subtest del WAIS III.
2. El grupo ‘impulsivo/afectivo’ mostró peor rendimiento en memoria, con un menor recuerdo inmediato y demorado de información verbal y visual, además de una curva de aprendizaje menos pronunciada que el grupo ‘depredador/instrumental’.
3. Tras controlar variables como edad o nivel educativo, el grupo ‘impulsivo/afectivo’ mostró una peor ejecución en el TMT A, CPT-II y más errores totales en el WCST.

Los autores concluyen el estudio evidenciando que en su muestra experimental es posible observar diferencias cognitivas claras entre los dos tipos de homicidas. El perfil de un homicida ‘impulsivo/afectivo’ se asociaría con un cociente intelectual bajo y déficit cognitivos en múltiples dominios como la atención, la velocidad de procesamiento de la información, la memoria verbal y las funciones ejecutivas. 

Como decía al principio, quedan puertas abiertas a nuevas investigaciones en este campo. Entre ellas podemos mencionar el análisis de los perfiles neurocognitivos diferenciales de otros tipos de criminales, o la posibilidad de introducir el entrenamiento en funciones cognitivas como parte del proceso rehabilitador de estos presos.