Brain Fitness para niños... ¿tiene sentido?

Josué tiene 8 años y es un niño ‘despistado, algo “vaguete” y bastante rebelde’. Dice que no le gusta estudiar, y para sus padres hacer los deberes es un verdadero suplicio. Se distrae con cualquier cosa y busca mil excusas para levantarse de la silla y salir de la habitación. Su profesora se ha quejado de que habla mucho en clase, no se centra y se olvida llevar los materiales que necesita para trabajar. Y para colmo, hay que hacer siempre lo que él diga porque si no, arma un escándalo.

Josué no es el único niño así… hay más. Y todos ellos comparten los problemas de atención y regulación del comportamiento. En algunos casos pueden llegar a diagnosticarse de trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH), aunque no siempre.

¿Cómo ayudamos a estos niños a concentrarse y controlarse mejor? Una de las intervenciones más novedosas y que ocupa un lugar importante entre las publicaciones científicas recientes  es el entrenamiento en los procesos de control cognitivo. Los trabajos de Holmes y cols. (2009), Klingberg y cols. (2005) o Mezzacappa y Buckner (2010), entre otros, nos demuestran que entrenar en una tarea que implique procesos controlados de atención mejora la capacidad atencional de los niños e incluso puede mejorar su comportamiento.

Las razones por las que un niño con dificultades debería entrenar sus capacidades para mejorarlas nos resulta fácilmente comprensible. Pero, ¿puede hacer lo mismo un niño sin esas dificultades? ¿con qué objetivo entrena un niño sano? Dietsje Jolles y Eveline Crone, ambas de la Universidad de Leiden en Países Bajos, nos proporcionan una visión neurocognitiva del entrenamiento del cerebro de los niños.

Según revisan las autoras, ya existen diversas investigaciones sobre el entrenamiento cognitivo con el objetivo de impulsar las capacidades cognitivas de los niños sanos. Holmes & Gathercole (2013) y Thorell et al. (2009) encontraron que el entrenamiento produjo una mejoría en la capacidad de memoria de trabajo en niños de educación primaria y en preescolares respectivamente. Además, y de forma significativa, el entrenamiento en funciones cognitivas básicas consiguió mejorar también el rendimiento académico de los niños (Holmes & Gathercole, 2013) incluyendo los procesos de lectura (Loosli et al., 2011). Y todo eso se refleja en el cerebro. Lo que parece suceder con el entrenamiento es que el cerebro de los niños mostraría un patrón de actividad cerebral en áreas frontales y parietales más maduro, más similar al de un adulto.

Todos estos datos y otros muchos, aportan argumentos importantes a favor de la Neuroeducación, resaltando la importancia de tener en cuenta los hallazgos científicos propios de la Neurociencia a la hora de elaborar mejores planes educativos y preparar a los niños para un mundo cada vez más exigente académica y profesionalmente.

Pero además, si quieres conocer otras investigaciones acerca de los beneficios del cuidado cerebral no sólo mediante el entrenamiento cognitivo, sino a través del ejercicio físico, la meditación o la nutrición adecuada, te invito a leer Brain Fitness: La ciencia de los cerebros en forma, una publicación realizada por Unobrain en forma de e-Book y disponible en http://www.unobrain.com/ebook.

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