El castigo no sirve al psicópata

La finalidad del ‘castigo’ es conseguir modificar el comportamiento de aquel sobre el que ha recaído. Un ejemplo severo es la pena de cárcel, donde el castigo es la privación de libertad del condenado por un delito. Sin embargo, parece que el castigo como herramienta de aprendizaje no funciona con todo el mundo por igual. Particularmente con los delincuentes psicópatas se ha observado que el castigo no tiene los mismos efectos sobre el comportamiento y de forma importante, que tampoco se procesa igual a nivel cerebral. Todo ello lo han descrito un grupo de científicos canadienses en un reciente artículo publicado en The Lancet (2015).

En el experimento participaron 12 delincuentes violentos con trastorno de personalidad antisocial y psicopatía, 20 delincuentes violentos sólo con trastorno de personalidad antisocial y 18 hombres sanos no delincuentes. Todos ellos realizaron un juego en el que había que tomar una serie de decisiones, y en el que la conducta tenía que ir modificándose considerando las consecuencias. De este modo, algunas respuestas eran primero recompensadas positivamente para luego ser castigadas, momento en el que el comportamiento debía cambiar para mostrar la capacidad de aprender y ajustar las respuestas al tipo de consecuencia. Sarah Gregory, autora principal del artículo, y su equipo, tomaron imágenes de resonancia magnética funcional de cada uno de los participantes mientras realizaban las tareas de toma de decisiones.

Los resultados de este estudio son interesantes porque diferencian de forma significativa al grupo de delincuentes psicópatas de los delincuentes no psicopáticos y de los no delincuentes. En primer lugar, los delincuentes psicópatas tienen menos volumen de la sustancia gris en la zona prefrontal rostral anterior de ambos lados del cerebro, importantes en la empatía y emociones como la culpa. En segundo lugar, también la sustancia blanca (fibras que se encargan de regular la transmisión de la información de unas zonas a otras del cerebro) parece ser distinta en la zona del cíngulo dorsal.

Por otro lado, a nivel funcional, los delincuentes psicópatas mostraron una actividad mayor ante el castigo en dos áreas cerebrales en ese momento en que la respuesta pasaba de ser premiada a ser castigada: la corteza cingulada posterior y la ínsula anterior. En segundo lugar, este mismo grupo mostró menor activación en la corteza temporal superior ante todas las respuestas correctas premiadas.

Estos datos aportan información sobre cómo son y cómo funcionan los cerebros de los psicópatas, en un intento por comprender mejor las causas de su conducta. Y también de desarrollar mejores intervenciones, porque de forma general, no son delincuentes que se beneficien de programas de rehabilitación, tal como describe Sheilagh Hodgins, una de las investigadoras del estudio. De la investigación parece deducirse que los psicópatas tienen una organización neural diferente y que ello afecta de forma significativa al proceso de toma de decisiones, más allá de ser simplemente menos sensibles al castigo.