Un cerebro en forma pasa por un corazón sano

“Sursum corda”, que se decía en la misa latina de antaño, castellanizado ahora como “levantemos el corazón”. Es una invocación espiritual, pero nos sirve también a los evangelizadores de esto de la salud cerebral. Nos sirve porque cada día está más claro que un corazón saludable y un cerebro en forma van de la mano.

La penúltima evidencia de esta relación estrecha la tenemos en un estudio liderado por el doctor Evan Hacker, de la Universidad Brigham Young, y publicado en la revista de la Asociación Americana del Corazón. Dicho estudio se realizó sobre 17.800 americanos mayores de 45 años (recordemos una vez más que el deterioro cognitivo comienza alrededor de esa edad) que no habían sufrido ningún tipo de accidente vascular previo. A los sujetos se les sometió a pruebas cognitivas al comienzo del estudio y cuatro años después. También se examinó su nivel de salud cardíaca.

No hay demasiadas sorpresas en el resultado, sobre todo para los que hayan seguido estas entradas del blog. Fueron muchos más (un 75% más) los individuos con un corazón en mala forma que perdieron de manera apreciable fluidez mental, memoria y capacidad de aprender, que los sanos de corazón a los que les pasó lo mismo.

Lo interesante es que las diferencias fueron mucho menores entre estos últimos, los muy sanos, y aquellos sujetos con una salud cardíaca media. Eso es algo que nos da esperanza a aquellos de nosotros cuya fuerza de voluntad y capacidad física de sacrificio son perfectamente descriptibles. Siendo realistas en nuestras aspiraciones, lograr el corazón de un atleta se nos hace muy cuesta arriba, pero si un pequeño esfuerzo para lograr mantener ese nivel medio de salud va a servir para minimizar riesgos cognitivos, muchos nos apuntamos.

Así pues, ¿qué tal si nos marcamos unos mínimos? ¿Qué mínimos? Mínimos como estos, parecidos a los que establecimos al hablar de la hipertensión:

- comer un poco más de frutas y verduras, y un poco menos de sal y azúcar,

- incorporar actividades aeróbicas (paseos rápidos, subir escaleras) a las rutinas diarias, y

- limitar el tabaco y el alcohol.

¿Difícil? En realidad no. Cuestión de ponerse. Un pequeño esfuerzo ahora y nuestro cerebro (y no sólo nuestro cerebro) nos lo va a agradecer toda la vida.

Sursum corda, amigos y amigas de Unobrain.