Cerebro optimista vs Cerebro pesimista

¿Eres de los que ve el vaso medio lleno o medio vacío? ¿Lo ves todo de color rosa o negro? Las personas tenemos ciertas tendencias, es cierto. Tendencias que, por otra parte no son ni buenas ni malas a priori, salvo cuando están descompensadas. De nada sirve ver posibilidades donde está claro que no las hay, o creer que nunca nos pasará nada malo, lo que nos llevará a arriesgarnos repetidamente. Tampoco es muy práctico verlo todo siempre de color negro, pues eso nos lleva a quedarnos más bien inmóviles y no poner nunca demasiados recursos de nuestra parte para lograr nuestros deseos. Así pues, parece que un adecuado equilibrio entre estas dos fuerzas es lo que convendría tener. Pero este equilibrio, éstas disposiciones… ¿cómo se explican a nivel neural?

David Hecht, del Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres nos lo cuenta muy recientemente en un magnífico artículo publicado en Experimental Neurobiology (2013).

Resumiendo muchísimo su extenso trabajo (que os recomendamos leer en detalle), podemos decir que todo apunta a que cada estilo de pensamiento se asociaría  a un hemisferio cerebral. El optimismo prefiere el lado izquierdo mientras que el pesimismo se decanta por el derecho. Pero esto no es anecdótico ni viene dado aleatoriamente, sino que tiene que ver con el tipo de funciones cognitivas a las que predominantemente se dedica cada hemisferio cerebral. Sería como sigue en esta figura esquemática:

Otro artículo reciente que encontramos en Neuroscience Letters (2013) da soporte a estos datos al encontrar que el optimismo correlacionó con la cantidad de sustancia gris en áreas del tálamo (núcleo pulvinar) izquierdas que se extendían hasta el giro parahipocámpico del mismo lado, todo medido a través de técnicas de morfometría basada en voxel en un grupo de nada menos que 361 participantes sanos.

En este campo existen algunas preguntas interesantes que aún quedan abiertas, como por ejemplo, si enfrentarse adecuadamente a los problemas y tener éxito conllevará cambios a nivel neural y disposicional que correlacionen entre sí. O si el entrenamiento en funciones cognitivas más propias del hemisferio izquierdo nos hará ser más optimistas y podría ser una forma más de intervenir en casos de pesimismo patológico. ¿Será posible que llevar el cerebro al gimnasio para tener un cerebro equilibrado, nos haga ver las cosas también equilibradamente? Tú, por si acaso, no dejes de entrenarlo.