Cerebros empáticos e hipersensibles

“Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.” Así definen la empatía los que pulen, limpian y dan esplendor al idioma. Como facultad en la que fijarse como elemento fundamental para construir una conciencia moral más allá de los elementos religiosos, la empatía es una recién llegada. Ahora, es una recién llegada que se ha llevado de calle las atenciones de investigadores y filósofos, los cuales no dejan de discutir sobre si, efectivamente, un grado amplio de empatía es indispensable para construir una Humanidad solidaria, o es más bien un impedimento propio de tribus sobre-emocionales.

Sea como fuere, la empatía es un buen campo de investigación, y la neurociencia también tiene derecho a su pequeña aportación. Así, traemos hoy a colación el estudio de la Universidad de Stony Brook, en Nueva York, publicado en la revista Brain and Behavior, en el que se establece el correlato cerebral de la empatía, y aún más, se relaciona el nivel de actividad cerebral en ciertas áreas con la mayor o menor empatía del individuo.

El estudio, liderado por Elaine Aron, la apóstol de la teoría de las Personas Hiper Sensibles, ese 20% de la población con mayor reactividad ante estímulos positivos o negativos, muestra como aumentaba el flujo sanguíneo en las áreas concernidas con la interpretación de los sentimientos ajenos, particularmente en las relacionadas con las neuronas-espejo, el mecanismo que nos permite ponernos en la piel del otro, no necesariamente desde un punto moral. Por ejemplo, activando la corteza motora al ver a alguien manipular algo, lo cual permite el aprendizaje a través de la observación.  Y lo interesante es que en aquellos individuos etiquetados como PHS, el flujo era aún mayor, lo cual quiere decir, según la propia Dra. Aron, que existe una evidencia física de esa hipersensibilidad, concentrada en una mayor capacidad atencional y empática. Eso despejaría la tradicional sospecha de que pudiera tratarse de una condición puramente psicológica.

Así pues, felicidades a los hipersensibles por haber encontrado esa huella física de su “diferencia”, en lo que parece un paso más en la biologización de la psiquis.