Nuestro cerebro archiva sus recuerdos célula a célula

Decía el escritor Ernesto Sábato que "vivir consistía en construir futuros recuerdos". En su magistral obra El Túnel, el argentino nos ofrece una visión metafísica peculiar del existencialismo. El por qué de nuestra vida se resume en las memorias que vamos creando. No es extraño, por tanto, que trastornos neurodegenerativos como el mal de Alzheimer, terminen con la identidad de las personas que los padecen. La condena al olvido supone también dejar de saber quiénes eran. Nuestros recuerdos nos hacen ser quienes somos: la vida, en definitiva, no es más que un gran archivo de memorias.

Por este motivo, la investigación trata de entender los mecanismos moleculares que se esconden detrás de la memoria. Esta función cognitiva permite al cerebro codificar, almacenar y recuperar la información del pasado, y se realiza gracias a las miles de conexiones sinápticas que se producen entre nuestras neuronas. Durante años, los investigadores en teoría neurocomputacional habían propuesto diversas hipótesis sobre cómo se archivaban nuestros recuerdos, aunque la idea más extendida sugería que la memoria se 'almacenaba' célula a célula.

Neuronas - Unobrain

Investigadores de la Universidad de California (San Diego) y del Dignity Health Barrow Neurological Institute se plantearon hace tiempo probar si, efectivamente, nuestras neuronas guardan los recuerdos de manera individual. Como explica Peter N. Steinmetz, investigador senior del proyecto, "para entender realmente cómo funciona la memoria, se debe conocer primero que los recuerdos se almacenan gracias a las unidades computacionales básicas del cerebro, más conocidas como neuronas, y los circuitos que forman entre ellas".

El trabajo realizado por Steinmetz y sus colaboradores permitió estudiar el cerebro de nueve pacientes afectados por epilepsia, gracias a unos implantes cerebrales que permitían analizar la actividad eléctrica de cada neurona. Estas personas tuvieron que memorizar una lista de palabras, para ver posteriormente una pantalla que contenía los términos aprendidos junto con otras palabras nuevas. Los científicos pidieron en esta segunda ocasión que los voluntarios identificaran los conceptos que habían conseguido almacenar en su cerebro, para analizar de manera simultáneamente cuál era la actividad eléctrica de sus neuronas.

Flickr - Unobrain

La diferente actividad eléctrica de cada pequeño 'pen-drive' neuronal se correspondía con la capacidad de haber aprendido o no los términos presentados en la primera pantalla. De manera intuitiva, los investigadores pensaron que "existiría actividad neuronal al observar cada palabra de la lista, y que no habría tanta diferencia eléctrica al señalar los términos memorizados", hipótesis que resultaría errónea. Sus conclusiones apuntan que la pérdida de una única neurona podría conllevar la pérdida de ese recuerdo: los pacientes no serían capaces de rememorar la palabra previamente estudiada.

Su trabajo permite entender cómo se codifican los eventos de la memoria episódica en el cerebro. Los resultados, publicados en la revista PNAS, persiguen un objetivo aún mayor: entender algún día cómo se guardan los recuerdos relacionados con las formas, lugares y objetos de la vida cotidiana. Sólo así podremos conocer cómo funciona la memoria y determinar el impacto de las diferentes enfermedades neurodegenerativas sobre el gran archivo o pen-drive de nuestros recuerdos. 

Imágenes | Bruno Palazzi (Flickr), Another Ashia (Flickr)