Cuando perder la memoria es una buena señal

El título de esta entrada tal vez parezca extraño, al menos a ese amplio segmento de amigos de Unobrain cuya preocupación principal es precisamente la pérdida progresiva de memoria. Pero es cierto, hubo un tiempo en que olvidar lo que uno había hecho tan solo meses antes no era fuente de preocupación, sino de todo lo contrario. O al menos eso afirma un estudio bastante convincente del Hospital Infantil de Toronto.

Este estudio lo llevó a cabo un equipo liderado por Paul Frankland. Frankland llevaba tiempo dando vueltas a ese fenómeno que Freud llamó “amnesia infantil”, o sea, ese haber olvidado lo que ocurrió en nuestros primeros años de vida. Le fascinaba como su hija de 5 años era capaz de recordar actividades muy recientes (es decir, era capaz de formar recuerdos), que sin embargo olvidaba al cabo de unas pocas semanas.

¿La hipótesis de Frankland? Que el asunto tenía que ver con la neurogénesis. Sí, exactamente, con la generación de nuevas neuronas, precisamente uno de los factores que ayudan a preservar las capacidades cognitivas del adulto. Como si en el niño pequeño se diera un fenómeno solo remotamente parecido al de la dentición. Como si con el nacimiento de nuevas neuronas hubiera que sacrificar esas “neuronas de leche”, y con ellas muchos de nuestros primeros recuerdos.

¿Contraintuitivo dices, lector? Puede ser, pero el caso es que distintos experimentos realizados por el equipo de Frankland con ratones y cobayas demostraron que, mientras en los adultos ciertas actividades neurogénicas (el ejercicio físico, por ejemplo) servían para reforzar las conexiones neuronales, preservando recuerdos en los individuos, en los cachorros de esas especies ocurría precisamente lo contrario: a más ejercicio, más olvido.

En fin, un tema de lo más curioso que, por otra parte, a la mayoría de nosotros nos pilla lo suficientemente lejano en el tiempo como para no abandonar nuestra saludable (no sólo cerebralmente) práctica del ejercicio físico cotidiano y para complementarlo con esos muy necesarios 10 minutitos de Unobrain.

Por cierto, ¿ya le has dado a tu cerebro su ración de entrenamiento de hoy?