Dormir, un hábito que mejora la memoria en los niños

A cualquiera que tenga hijos le gusta ver como van aprendiendo nuevas cosas a cada día que pasa. Muchos se preguntan qué tipo de hábitos son favorecedores de la capacidad de aprendizaje de los más pequeños. La sabiduría popular siempre ha dicho que comer bien y dormir mucho podrían ser factores importantes en cuanto a desarrollo cognitivo de los niños. Pues en este sentido van los hallazgos de un nuevo experimento realizado por Sabine Seehagen de la Ruhr-Universität Bochum en Alemania junto a otras investigadoras. Su trabajo, publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (2015), constó de dos experimentos. En el primero participaron 60 niños de 6 meses  de edad y 60 niños de 12 meses. El objetivo era explorar el efecto de una siesta de 30 minutos o más en una tarea de memoria declarativa a las cuatro horas de haber realizado el entrenamiento. A todos los niños se les exponía a una fase de aprendizaje en la que veían como el experimentador sostenía un peluche, le retiraba un mitón (especie de guante sin dedos) de la mano, lo agitaba tres veces para hacer sonar un cascabel que tenía dentro, y finalmente se lo volvía a colocar en la mano. Después, la mitad de los niños permanecían despiertos mientras que la otra mitad dormía una siesta de 30 minutos o más. A las 4 horas, se ponía a los niños frente al peluche y se observaba si ellos solos realizaban la misma secuencia de actividades con el muñeco (retirar el mitón, agitarlo e intentar ponérselo de nuevo).

En el experimento 2 participaron 48 niños de cada edad y pretendía valorar si los niños que habían dormido una siesta después del aprendizaje mostraban un mejor recuerdo de la actividad al día siguiente (24 horas después del entrenamiento).

Los resultados nos aportan un poco más de sabiduría acerca de la forma en la que el sueño puede contribuir a una mejor memoria en edades muy tempranas. Según los datos, sólo los niños que habían dormido la siesta recordaron las acciones realizadas con el peluche.  Además, algo muy importante es que el rendimiento a las 24 horas también fue significativamente mayor en el grupo de niños que durmió una siesta después del primer ensayo.

Según los autores, su experimento es el primero en demostrar el papel tan favorecedor que tiene el sueño sobre las capacidades de consolidación en la memoria en el primer año de vida. Desde luego el sueño es, al menos inicialmente, una forma de lo más sencilla para promover el buen funcionamiento de la memoria en los niños. Una estimulación cognitiva adecuada, dieta equilibrada y dormir bien son sabios consejos para el buen funcionamiento del cerebro infantil y también para el cuidado del cerebro adulto. Habrá que empezar a tomarse eso de la siesta en serio.

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Imagen: Donnie Ray Jones (Flickr)