Ejercicio físico: una de siete formas de reducir el riesgo de padecer alzhéimer

Aquello de ‘o te mueves, o caducas’ podría aplicarse también a nuestro cerebro, particularmente si tenemos un riesgo elevado de padecer la enfermedad de Alzheimer. Así puede deducirse de una investigación recientemente publicada en Frontiers in Aging Neuroscience (2014) en la que la actividad física  parecía asociarse a una menor atrofia en el hipocampo de personas mayores sanas pero con elevado riesgo de desarrollar esta temida enfermedad.

J. Carso Smith y un amplio equipo de científicos valoraron el impacto de la actividad física en la salud cerebral de un grupo de 97 adultos mayores con distinto riesgo de sufrir alzhéimer. El riesgo de la enfermedad se estableció, por un lado, considerando los antecedentes de demencia (se sabe que cierto alelo relacionado con la alipoproteína E –APOE- es más común en familiares de enfermos de alzhéimer que en personas sin antecedentes familiares), y por otro realizando un test genético para determinar el genotipo APOE, considerando de alto riesgo a aquellos individuos que poseían uno o dos alelos APOE4.

El grado de actividad física se escaló utilizando la Stanford Brief Activity Survey. Se consideró de ‘alta actividad física’ a aquellas personas que practicaban un ejercicio físico de intensidad moderada a vigorosa al menos tres veces semanales, como por ejemplo correr, nadar o jugar al tenis.

El grupo quedó dividido entonces en cuatro subgrupos en función de esas dos variables: el riesgo de enfermar y el nivel de actividad física.

A todos los individuos se les realizó un seguimiento durante 18 meses, y se tomaron medidas al principio y al final de ese periodo. Se les aplicaron diversas escalas habitualmente utilizadas en la valoración de demencias y se tomaron imágenes de resonancia magnética estructural, con el objetivo de observar el grado de atrofia en una estructura fundamental para la memoria: el hipocampo.

El hallazgo más relevante de este estudio podría resumirse en una sola frase: las personas con mayor riesgo de desarrollar la enfermedad y menor actividad física redujeron un 3% más el volumen de sus hipocampos, el cual permaneció estable en los otros tres grupos.

Parece que la actividad física podría ayudar a mantener en mejores condiciones los hipocampos de personas con riesgo alto de sufrir alzhéimer, y en consecuencia quizá retrasar así el comienzo de la enfermedad.

Que la actividad física es importante ya lo han adelantado otros muchos autores previamente, y no es lo único que podemos hacer para reducir el riesgo de desarrollar esta patología. En 2011, Deborah Barnes y Kristine Yaffe enumeraban ya siete factores que podrían modificar potencialmente el riesgo de alzhéimer. La actividad física regular ya figuraba entre ellos, junto al control de la diabetes, de la hipertensión, de la obesidad, la ausencia de depresión, no fumar o mantener un buen nivel de actividad cognitiva. En esto último podemos echarte una mano. Si ya haces ejercicio físico, ¿por qué no practicas un poco más de ejercicio mental?  Dale ritmo a tu cerebro y no te la juegues.