Encontrando las fuentes cerebrales de la imaginación

Santa Teresa decía que la imaginación era “la loca de la casa”. Tal vez, pero ¡qué loca tan maravillosa, la que nos permite elevarnos por encima de nuestras rutinas grises y vivir vidas paralelas llenas de aventuras emocionantes!

La imaginación, como facultad intelectiva fundamental, tanto en situaciones cotidianas como en cualquier desempeño artístico, ha sido uno objeto de estudio tradicional, sobre todo por parte de los filósofos. Los científicos no toman el relevo hasta finales del siglo XIX, cuando nace la psicología experimental. Y, a pesar de que han pasado desde entonces casi 150 años, sólo en las últimas décadas, a raíz de los avances en materia de neuroimagen, la ciencia acepta el difícil reto de averiguar los secretos de ese proceso mágico de formación interna de imágenes que es la imaginación.

Más vale tarde que nunca, pues los frutos de distintas investigaciones están siendo francamente jugosos. Por ejemplo, hoy traemos a este blog el estudio realizado por investigadores del Dartmouth College, y publicado recientemente en PNAS.

El objetivo de estos investigadores era encontrar la fuente cerebral de la imaginación. Desde hace tiempo se mantiene la teoría de que en los procesos imaginativos interviene una amplia red neuronal, distribuida entre distintas estructuras, en lo que sería una especie de “espacio de trabajo” de la imaginación. Sin embargo, ha resultado difícil encontrar evidencias de la intervención de esa red, sobre todo porque las técnicas que se utilizaban implicaban la observación del cerebro de forma estática y aislada. La aproximación de los investigadores de Dartmouth College solventa este problema. A los sujetos de la investigación se les pidió que imaginaran una serie de formas abstractas que luego debían combinar para formar objetos para volver a desmantelar esos objetos en sus formas originales, como si se tratara de un rompecabezas. Al tiempo, se les sometía a una resonancia magnética funcional.

¿Qué vieron los investigadores en esas resonancias? Vieron que, efectivamente, en esos procesos de ensamblaje y desensamblaje intervenía una red distribuida, cortical y subcortical, confirmando las sospechas teóricas.

¿Es esto relevante? Lo es, en dos sentidos. En primer lugar porque permite dar un paso importante hacia la determinación de cómo nuestra organización cerebral nos distingue de otras especies; y, en segundo, porque nos acerca a la posibilidad de lo que es la gran asignatura pendiente en lo que se refiere a inteligencia artificial: ser capaces de construir máquinas creativas, reconstruyendo en ellas procesos hasta hoy marcadamente humanos.

¡Y tú, querido lector, que pensabas que esto era patrimonio de la ciencia ficción!