El entrenamiento cognitivo modifica el cerebro en el parkinson

Hace solo unos días, el 11 de abril, celebrábamos un año más el día mundial del Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa crónica e incurable que todo el mundo identifica con la presencia de temblores cuando se está en reposo, a lo que se añaden la rigidez muscular, la lentitud en la realización de movimientos y una pérdida de reflejos posturales. Pero además, la enfermedad de Parkinson  también puede presentar alteraciones cognitivas y emocionales . Esta enfermedad, que aparece con más frecuencia en varones (aunque no exclusivamente) y en torno a la sexta década de la vida (aunque puede aparecer más tempranamente), es la segunda más frecuente después del alzhéimer, y es causa de sufrimiento y pérdida de funcionamiento al que la padece. Por estas razones los científicos intentan encontrar cómo hacerle frente y, aunque no pueda ser eliminada de momento, se siguen buscando tratamientos que consigan mejorar la situación de los pacientes. Este es el caso del estudio piloto publicado recientemente en Frontiers in Human Neuroscience (2015), realizado por un amplio equipo de investigadores italianos.

En el experimento en cuestión se pretendía analizar el efecto de un programa de entrenamiento cognitivo de las funciones ejecutivas en un grupo de pacientes con enfermedad de Parkinson y alteraciones cognitivas leves tanto El entrenamiento cognitivo modifica el cerebro en el parkinson en relación al rendimiento en determinados test cognitivos (memoria, atención, denominación, funciones viso-perceptivas y funciones ejecutivas) como en cuanto a los niveles del factor neurotrófico derivado del cerebro (del inglés brain-derived neurotrophic factor – BDNF). Esta proteína ha mostrado ser importante en la supervivencia de las neuronas dopaminérgicas del cerebro (más afectadas en el párkinson) y también en la regulación de las conexiones sinápticas, y según los estudios, podría estar disminuida de forma significativa en la enfermedad.

Los datos del estudio, aunque preliminares, apuntan en la dirección deseada. Los pacientes del grupo de entrenamiento cognitivo, comparados con los de un grupo control asignado a un tratamiento placebo, mostraron cambios significativos tras una intervención de un mes y 12 sesiones. Específicamente, los individuos que se sometieron al programa de entrenamiento mejoraron su ejecución en el Zoo Map Test, una tarea de planificación que se caracteriza por una gran demanda de recursos de memoria de trabajo, acompañado de un aumento significativo de los niveles de factor neurotrófico derivado del cerebro en sangre. Estos cambios no fueron observados en el grupo control de tratamiento placebo.

Evidentemente queda mucho por saber sobre cómo estos cambios cognitivos y funcionales se llevan a cabo en el cerebro, qué estructuras son las más implicadas en los cambios y sobre todo si estos datos podrían replicarse en nuevos experimentos con muestras de pacientes más grandes. Todo eso sin duda llegará a investigarse pero de momento nos quedamos con el buen sabor de boca que nos dejan estos resultados, esperanzadores sin duda para muchos pacientes. Es posible hacer algo para mejorar nuestro cerebro incluso en el contexto de una enfermedad degenerativa, ¡no te conformes y cuídate!