Entrenar el cerebro para reducir el sedentarismo

Son muchísimos los hallazgos científicos que relacionan la práctica de ejercicio físico con un cerebro más sano y también más eficaz en tareas de atención, memoria y aprendizaje y funciones ejecutivas. Pero es que además, el poseer unas buenas capacidades mentales parece ser fundamental para ser constante en esa práctica deportiva, es decir, para auto-regularse.  Podemos decir entonces que hay bastante evidencia ya en favor de una relación bidireccional entre ejercicio físico y funciones cognitivas.

Los procesos de control cognitivo han sido de los más estudiados como promotores del ejercicio físico a través de la mejora en la autorregulación de la conducta. Según una reciente y extensa publicación en Frontiers in Human Neuroscience (2014), las funciones ejecutivas serían muy importantes de cara al control de la conducta ya que nos permitirían plantearnos objetivos futuros y poner en marcha los planes  de acción necesarios para lograrlos. En este sentido, la mejora de procesos como la atención o el control inhibitorio (de interferencias) se asociarían con una mejor auto-regulación de nuestro comportamiento, en este caso, de la actividad física. Por otra parte, según Jason Buckley y su equipo, autores del artículo, las personas con mejor capacidad de auto-regulación son las que se involucran en más conductas de autocuidado, entre ellas el ejercicio físico, todo ello soportado por unas buenas funciones ejecutivas. De hecho, Mc Auley y otros autores (2011) han encontrado que el poseer unas buenas funciones ejecutivas predice la adherencia a un programa de ejercicio físico y poseer poco control cognitivo se ha asociado a hábitos como comer en exceso, fumar, conductas sexuales de riesgo o abuso de drogas e incluso con menor resistencia a las tentaciones, tal como afirman Buckley y sus colaboradores.

¿Cómo se implementaría todo esto en el cerebro? Según los autores del manuscrito, las redes neurales implicadas en la auto-regulación en el ejercicio físico serían la corteza prefrontal (que participa en el control cognitivo), la red cerebral por defecto (que se relaciona con el pensamiento interno, la auto-reflexión y los estados de reposo) y las vías cerebrales de la recompensa, que incluyen un amplio número de estructuras como la corteza prefrontal ventromedial y la amígdala.

¿Podemos conseguir ser menos sedentarios si entrenamos nuestros cerebros? Pues parece que en esa dirección apuntan los hallazgos científicos más recientes, aunque de forma interesante esos entrenamientos deberían proporcionar feedback sobre los resultados, ser variados en cuanto a tareas, adaptarse al progreso del usuario y promover la transferencia de los avances de los ejercicios de entrenamiento a otras tareas.

Conseguir que un programa de entrenamiento cognitivo cumpla todo esto no es fácil, pero en Unobrain hemos intentado ofrecer muchas de esas características. Te invitamos a probarlo y a mejorar tu salud física a través del cuidado de tu cerebro.