¿Es cierto eso de ‘me canso solo de pensarlo’?

¿Te vienes a correr? ¿Me ayudas con la mudanza? ¡Este fin de semana toca limpieza general! Ante estas, llamémosles ‘invitaciones’ a la actividad física, más de una vez habrás escuchado un ¡Uy, me canso sólo de pensarlo! Pero, ¿cuánta verdad se esconde detrás de eso que nos parece simplemente una excusa? Un curioso estudio llevado a cabo en el Departamento de Kinesiología de la McMaster University (Canada) nos proporciona algunas respuestas a esta cuestión. Sus autores, Jeffrey Graham, Michael Sonne y Steven Bray quisieron comprobar el efecto que tiene imaginarse una actividad exigente en cuanto al esfuerzo físico que exige sobre el autocontrol físico (medido como resistencia) y la fatiga muscular.

En su experimento colaboraron 50 personas de unos 20 años de edad media, divididos en dos grupos. Todos realizaron un ensayo de resistencia con una empuñadura isométrica  en el que se midió el cambio en la activación del músculo a través de la electromiografía (EMG). Después, uno de los grupos simplemente descansaba mientras que el otro realizaba una tarea de imaginación que consistía en sostener suavemente una esponja e imaginar que la apretaban tan fuertemente como habían hecho con la empuñadura isométrica pero sin ejercer esa fuerza realmente. Tras la actividad o descanso (en función del grupo), todos los individuos volvían a realizar un segundo ensayo de resistencia con la empuñadura isométrica.

¿Qué se observó? Pues después de analizar los datos, los investigadores comprobaron que el grupo que se había imaginado apretando fuertemente la esponja mostró diferencias significativas con el grupo que descansó en distintos aspectos. Por un lado, tuvieron una menor resistencia en el segundo ensayo en comparación con el primero, aunque ambos grupos generaron fuerzas parecidas en la empuñadura. Además, a nivel muscular se observó que se produjeron aumentos mayores en la actividad muscular al comienzo del segundo ensayo de resistencia con la empuñadura y también al final del mismo.

Los autores concluyen que imaginarse ejecutando una tarea que nos supone un esfuerzo tiene efectos reales y contrastables en una tarea efectiva posterior, tanto en términos de rendimiento como de actividad muscular medida con EMG. Este es uno de los poquísimos estudios que han conseguido mostrar como los procesos mentales internos implicados en la imaginación de una actividad de esfuerzo pueden afectar al autocontrol de la resistencia física efectiva, y es una muestra más de las importantes relaciones entre lo que denominamos ‘mente’ y el cuerpo.

 

Imagen: Ramunas Geciauskas (Flickr)