El secreto de nuestras neuronas para estar siempre en forma

En 1888, el investigador Santiago Ramón y Cajal publicaba una obra fundamental para la neurociencia, titulada “Estructura de los centros nerviosos de las aves”. En aquel libro, el científico aragonés demostraba por primera vez que las neuronas eran unidades independientes y autónomas.

Las células nerviosas forman en nuestro cerebro auténticas redes que funcionan como ‘autopistas de la información’. Sin embargo, Cajal observó que estas redes neuronales no eran continuas, sino que entre cada neurona existía un espacio pequeñísimo, donde tiene lugar la sinapsis o intercambio de información entre estas células.

Cajal obtuvo sus brillantes resultados gracias al uso de la tinción argéntica, desarrollada anteriormente por el científico italiano Camilo Golgi. Ambos investigadores recibirían el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1906 por sus imprescindibles trabajos para conocer el cerebro.

Nobel - Unobrain

Aquella publicación de 1888 serviría para mostrar por primera vez la existencia de las espinas dendríticas, una parte esencial de nuestras neuronas. Sin duda, este hallazgo es una buena muestra de la influencia del trabajo de Cajal en nuestros días, ya que una gran parte de la investigación actual en neurociencias se ha centrado en desentrañar el papel que juegan las espinas dendríticas.

Estos elementos de las células nerviosas, lejos de ser un ‘artefacto’ como consideraban algunos investigadores, son fundamentales en la creación de nuevas conexiones sinápticas. En otras palabras, nuestro cerebro es completamente plástico: puede cambiar y adaptarse a las nuevas circunstancias a las que está sometido. 

Esta increíble capacidad se denomina plasticidad cerebral, y permite que tras un período de tiempo de aprendizaje y entrenamiento de la memoria, podamos contar con un mayor número de espinas dendríticas. Las investigaciones realizadas en los últimos años han permitido, más de un siglo después, revelar el papel fisiológico que tienen los elementos descritos (y dibujados) por primera vez por Cajal.

Espinas dendríticas - Unobrain

 

Si entrenamos nuestro cerebro de manera constante, podemos mejorar su plasticidad. En otras palabras, las conexiones sinápticas de nuestra mente no son fijas, sino que cambian dependiendo de la actividad neuronal.

La comunicación entre las neuronas, por tanto, no afecta únicamente a funciones básicas del sistema nervioso, sino que su modulación también puede estar relacionada con habilidades ‘superiores’, como la memoria o el aprendizaje. Si conseguimos entrenar nuestro cerebro de manera eficaz, y por ello, activar su plasticidad, podremos contar con unas funciones cognitivas superiores.

La plasticidad neuronal que anticipó Ramón y Cajal hace más de un siglo es el pilar clave para entender cómo funciona el entrenamiento cognitivo. Una actividad repetitiva, como la que proponen los juegos de Unobrain, puede conducir a una alteración más o menos permanente en nuestro sistema nervioso.

Y es que las modificaciones que se producen en el desarrollo cerebral cambian con la edad. En la etapa prenatal, nuestra mente utiliza mecanismos como la división o la muerte celular para asegurar el crecimiento y la construcción de la mente. Tras el nacimiento, se produce un recableado de las neuronas que conforman el cerebro, con el objetivo de reorganizar sus funciones.

Será en las fases de infancia y madurez donde se produce la etapa de aprendizaje y memoria, dos habilidades cognitivas que marcarán nuestra personalidad. Para conseguirlo, nuestro cerebro debe experimentar de nuevo ese ‘recableado’ que mencionábamos antes, además de provocar modificaciones sinápticas.

Estas variaciones han de conseguirse ejercitando a diario nuestra mente. Para ello, puedes probar los juegos y aplicaciones que te proponemos desde Unobrain, con el fin de que aproveches al máximo la plasticidad de tu cerebro. Como ya anticipara Cajal hace algo más de un siglo, el secreto de nuestras neuronas para estar siempre 'en forma' reside en las conexiones sinápticas, y en particular, en la existencia de las espinas dendríticas.

Imágenes | Adam Baker (Flickr), Herederos de Santiago Ramón y Cajal, Javier de Felipe et al. (Cerebral Cortex)