Experiencias cercanas a la muerte (II): Experiencias extracorpóreas

Tal como vimos en la primera parte de Experiencias cercanas a la muerte, las personas que han conseguido recuperarse de un paro cardiaco cuentan que han visto una luz intensa al final de un túnel por el que iban avanzando, se han reencontrado con sus familiares fallecidos hace años y tienen la sensación de haber estado verdaderamente muertos. Otro de los rasgos habituales en las ECM son las experiencias extracorpóreas.

 Las experiencias extracorpóreas desde la Neurociencia

Dean Mobbs & Carolina Watt (2011) cuentan que la experiencia extracorpórea es vivida por los pacientes como la sensación de flotar fuera del cuerpo. En algunos casos, además, se da la autoscopia, o el hecho de poder observar el propio cuerpo desde una perspectiva diferente.

Según los autores, Wilder Penfield, uno de los neurocirujanos más importantes conocido por sus prácticas en cirugía de la epilepsia, ya afirmó que las experiencias extracorpóreas estaban basadas en fenómenos cerebrales.

También se ha escrito (Cheyne & Girard, 2009) que las experiencias extracorpóreas son comunes cuando se interrumpen los patrones de sueño, como sucede cuando vamos a dormirnos o a despertarnos. Por ejemplo, hasta un 40% de la población dice haber experimentado conscientemente la parálisis del sueño. Este fenómeno,  propio de la fase REM,  conlleva el mantener la consciencia del entorno a pesar de no poder realizar ningún movimiento con el cuerpo. Junto a la parálisis, pueden tener lugar alucinaciones que podrían tener como resultado esa sensación de flotar sobre el propio cuerpo.

También se ha propuesto como posible explicación de este fenómeno la disfunción del lóbulo temporal derecho. Así lo plantearon Britton& Botzin (2001) cuando encontraron que el grupo de personas que decía haber tenido una ECM presentó una tasa de descargas epileptiformes derechas significativamente mayor que la de un grupo control. En apoyo a esta hipótesis está el hecho de que las experiencias extracorpóreas hayan podido ser replicadas de forma experimental a través de la estimulación de un área del cerebro concreta como es la unión temporoparietal derecha. Los participantes en el experimento afirmaban verse a sí mismos flotando en la cama. La estimulación de otras zonas hacía que los sujetos experimentales tuviesen la sensación de ir flotando. Esto llevó a los autores (Blanke & Arzi, 2004) a afirmar que las experiencias extracorpóreas podrían ser un fallo para integrar cerebralmente la estimulación multisensorial recibida desde el cuerpo.

Críticas a las explicaciones científicas

En contra de las hipótesis del sueño REM, Greyson y sus colaboradores (2012) responden a las aportaciones de Mobbs y Watt afirmando que, en principio, no hay más alteraciones en personas que han sufrido una ECM que en la población general y que, además, las ECM suceden en condiciones en las que el sueño REM es inhibido.

En cuanto a la hipótesis de la activación del lóbulo temporal, Greyson y cols. (2012) señalan que la estimulación del lóbulo temporal suele provocar experiencias que asustan, algo bastante distinto a lo que suele ocurrir con las ECM, que generalmente suelen ser referidas como positivas por el que las tiene. Además, Facco y Agrillo (2012) plantean que la mayor prevalencia de crisis epileptiformes en estas personas podría deberse simplemente al hecho de haber sufrido una lesión y no como una causa-consecuencia de las experiencias extracorpóreas.

Otras críticas a los estudios que se han ido realizando, que no son muchos, se refieren a: 1) la fiabilidad de los recuerdos de las personas que han sufrido una ECM, sobretodo en las que han sufrido un daño cerebral y las que están en tratamiento farmacológico con agentes psicoactivos; 2) el papel de los niveles de ciertas sustancias cerebrales como endorfinas o potasio, que pueden provocar este tipo de experiencias; 3) el tamaño muestral de las investigaciones, que generalmente es pequeño; y 4) el uso de grupos de comparación sanos no parece el más adecuado, planteándose como opción el uso de un grupo control compuesto por  personas que hayan sufrido el mismo tipo de patología (por ejemplo, una parada cardíaca) sin la ECM.

 

Ver también > Experiencias cercanas a la muerte I