Falsos recuerdos. El pasado ya no es lo que era.

Algunos de vosotros, lectores, sois amantes de las autobiografías. Os gusta conocer los acontecimientos de una vida relatados de primera mano por el protagonista. Al fin y a la postre, no se puede tener acceso a esos acontecimientos de manera más cercana o auténtica, ¿no es cierto?

Pues no, no es cierto. Cuando abráis la próxima autobiografía, tened en cuenta que estáis a punto de leer una obra de ficción, o, al menos, de semificción. Puede que los acontecimientos principales estén reflejados, pero de los detalles que los acompañen habrá que fiarse más bien poco. O eso al menos defiende Michael Yassa, de la Universidad de California, quien ha llevado a cabo un curioso estudio en el que a 21 sujetos, estudiantes universitarios con buena salud física y mental, se les mostraba una serie de imágenes con objetos de uso cotidiano. Posteriormente se les decía que ese ejercicio era parte de un test de memoria, y los investigadores les enseñaban otra serie que incluía nuevas imágenes, alguna de las imágenes que habían visto anteriormente y un número de “imágenes cebo”, parecidas a las imágenes ya vistas, pero con pequeños cambios. Se pedía a los estudiantes que dijesen si cada imagen que se les mostraba era una imagen nueva o “vieja” (vista ya en la primera serie).

Tal como preveía el equipo de Yassa, muchos de los sujetos identificaron como imágenes “viejas” las imágenes parecidas, en lo que venía a ser una refabricación del recuerdo original. Y es que Yassa sostiene que, tal como la teoría clásica propone, revivir lo recordado refuerza el recuerdo, pero en ese recuerdo se cuelan detalles espurios, a menudo interferencias de otros recuerdos afines. Es decir, que nuestra memoria es propensa a la contaminación, y eso es debido a que, como dice el propio Yassa, nuestro cerebro no recompensa el refocilarse en el pasado, un gasto biológico evolutivamente nada eficiente.

En el terreno práctico, esos falsos recuerdos construidos a base de alteraciones acumuladas cada vez que se revive la experiencia original plantea interesantes derivaciones. Una de ellas es la posibilidad del tratamiento diferente de una información en cada exposición a la misma. O sea, en la conversión de unos medios que nos bombardean con la repetición continuada de las mismas noticias en eficientes herramientas de propaganda, herramientas capaces de variar nuestra visión de una realidad refabricada, al estilo del Ministerio de la Verdad orwelliano. Esperemos que esa posibilidad inquietante quede sólo para los anales de la literatura distópica.

Dicho esto, cuanto más en forma tengamos esa memoria imperfecta, más podremos resistir a las maniobras de los refabricadores de recuerdos. Así pues, ¡hala, a por la sesión de entrenamiento en Unobrain de hoy!