¿Hay alteraciones cognitivas en los suicidas?

Estamos todos consternados aún por la reciente noticia que nos decía hace unos días que el accidente del avión Airbus 320 en los Alpes franceses no fue tal, sino que fue un acto intencionado del copiloto, quien decidió quitarse la vida en ese momento y llevarse con él a otras 150 personas inocentes. Desde la Psicología, la cuestión del suicidio, de cómo una persona puede llegar a quitarse la vida y sobre todo de cómo prevenirlo, sigue estando abierta.

Nos planteamos si en estas personas que deciden quitarse la vida se perfila un funcionamiento cognitivo particular, si hay problemas en alguna o algunas áreas cognitivas que nos permita explicar mejor esa decisión tan drástica tomada por ellos. En este sentido, algunas investigaciones han encontrado que las funciones ejecutivas podrían estar alteradas en personas mayores que han intentado suicidarse. En un estudio publicado recientemente por Stéphane Richard-Devantoy y sus colaboradores en el International Journal of Geriatric Psychiatry (2015)  se investigó la posible relación entre los intentos de suicidio y lo que conocemos como inhibición cognitiva en un grupo de personas mayores. La inhibición cognitiva consiste en la inhibición voluntaria de un procesamiento mental que es irrelevante para la actividad que se esté realizando en un momento determinado. En el experimento se comparó el rendimiento en una variante del conocido Test de Stroop en cinco grupos de participantes mayores de 60 años: suicidas muy letales, suicidas poco letales, personas con ideas suicidas, personas con depresión y personas sanas. Los resultados mostraron que el grupo de suicidas muy letales tenían más problemas en realizar la tarea de inhibición. Según los autores, un pobre control cognitivo podría contribuir a una menor capacidad para resolver problemas vitales y así acumular estresores que favorecerían la toma de una decisión tan drástica.  

En esta línea se encuentran también los hallazgos de otra investigación con personas mayores publicada en 2014 en la revista científica American Journal of Geriatric Psychiatry (2014). En ella se encontró que tanto el grupo de participantes con ideas suicidas como el que había tenido intentos reales de suicidio mostraban un peor rendimiento en la evaluación de sus funciones ejecutivas, comparados con personas sin historia de trastorno psiquiátrico y con un grupo de personas deprimidas sin ideas ni tendencias suicidas.

En 2014, Catherine R. Glenn y Matthew K. Nock , ambos del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard, publicaban un artículo en el que planteaban algunas cuestiones de relevancia en la difícil tarea de identificar a aquellas personas que tienen elevado riesgo de suicidio y así poder ayudar a prevenir casos como el recientemente acontecido. En su propuesta incluyen cuatro aspectos a indagar que, según ellos, favorecerían la prevención de la conducta suicida:

1.Los factores que pueden predecir el paso de pensar en el suicidio a llevar a cabo su intento.

2.Las variables que actúan como potentes predictoras de un intento autolítico en las horas, días o semanas próximas.

3.Conocer los marcadores objetivos de un comportamiento suicida a corto plazo.

4.Encontrar la manera de combinar la información sobre factores de riesgo y factores protectores que  nos lleve a la predicción más ajustada.

Los investigadores planteaban que son necesarias nuevas investigaciones de tipo prospectivo que permitan calcular índices de predicción a corto plazo para poder así predecir este tipo de conductas autolesivas. Lamentablemente los esfuerzos que siguen realizándose con estos objetivos no han podido evitar que la tragedia tuviese lugar en los Alpes el 24 de marzo y que la siga teniendo para casi un millón de personas al año en todo el mundo.