La desesperanza y el cerebro de las personas con depresión

En ciertos momentos de la historia personal y social es fácil experimentar algún grado de pérdida de esperanza. Las crisis económicas son un buen ejemplo de ello. Pero la desesperanza llega a unos niveles patológicos en ciertos trastornos de la salud mental como es el caso de la depresión mayor.

Según la OMS, la depresión afecta a más de 350 millones de personas en todo el mundo. Son cifras devastadoras. Las personas buscan cualquier cosa que les haga sentirse mejor y eso, en parte, explica que el consumo de psicofármacos haya aumentado significativamente en los últimos años. Por ejemplo en España, según datos de la OCDE, el consumo de antidepresivos se ha duplicado en los últimos diez años.

Los científicos siguen buscando la forma de explicar qué sucede en el cerebro de los pacientes aquejados de esta enfermedad, algo que permita comprender mejor cómo piensan y sienten, y sobretodo que facilite el abordaje más exitoso de los síntomas. En este sentido encontramos el trabajo de Daihui Peng y un amplio equipo de colaboradores de distintos países, quienes han publicado los resultados de su experimento en el Journal of Affective Disorders (2014).

En su estudio participaron 16 pacientes en su primer episodio de depresión mayor y que estaban libres de medicación, y 16 controles sanos, a quienes se realizaron resonancias magnéticas funcionales en estado de reposo con el objetivo de analizar su patrón de conectividad funcional a nivel global utilizando para ello 90 áreas cerebrales. Además, a todos ellos se les aplicó la Escala de Depresión de Hamilton, que permite valorar sus síntomas y analizar diversos factores en relación con el trastorno depresivo.

El análisis de los datos permitió identificar hasta  5 módulos  organizados de funcionamiento (formados por múltiples regiones cerebrales) en pacientes con depresión mayor en comparación con los 4 módulos encontrados en los participantes sanos. Varias áreas cerebrales mostraron alteraciones intramodulares, entre las que encontramos la corteza frontal orbital superior y la amígdala, cuneo y polo temporal superior derechos. Además, uno de los módulos correlacionó de forma significativa con  el factor de desesperanza evaluado con la escala de depresión de Hamilton.

Se observó menor conectividad funcional en una amplia red compuesta por 24 zonas del cerebro entre las que destacan la corteza frontal, el área motora suplementaria, la amígdala, el tálamo y el hipocampo.

Aunque el estudio tiene aún limitaciones, como el bajo número de participantes, los datos parecen apuntar a que en la depresión mayor el cerebro se organiza de una forma distinta, y que un subgrupo de áreas que funcionan juntas parece guardar relación con la desesperanza en los pacientes deprimidos. Queda por saber, por ejemplo, si empleando técnicas de psicoterapia o terapias de remediación cognitiva con ejercicios mentales pueden modificarse esos patrones de organización y mejorar así la sintomatología en la depresión mayor. El tiempo y la investigación dirán.

 

Imagen: geralt (Pixabay)