La memoria, cualquier cosa menos fiel

Bien mirado, somos nuestra propia historia. Lo que hacemos y lo que haremos dependen en gran medida de lo que hicimos. Esos recuerdos que atesoramos nos conforman, y, sin embargo…

Nuestra memoria da para lo que da. Dista mucho de ser un almacén donde se guardan las vivencias tal cual se vivieron para ser recuperadas luego, al recordar. De hecho, cada vez que recordamos reconstruimos patrones neuronales que representan esa vivencia recordada. O sea, no revisitamos la vivencia, sino que revivimos. Y la revida siempre está teñida de esa parte de nosotros que ha cambiado desde que vivimos lo recordado por primera vez.  Es así como se construyen niñeces más felices que la original. Es así como, en casos extremos, pero no tan inusuales, se inventan recuerdos.

Son invenciones inofensivas, si lo que ocurre es que se convierte un paisaje visto cien veces en un álbum de fotos en un lugar que uno está convencido de haber visitado sin haberlo hecho; no lo son tanto si la invención tiene consecuencias serias para el prójimo.

Un ejemplo clásico de este dañino efecto es el de la ola de casos de abusos sexuales infantiles que sacudió a la sociedad norteamericana hace unos años.  A partir del libro “El coraje de sanar” (1988), de la poetisa Ellen Bass y la víctima de incesto Laura Davis, aventurados terapeutas se dedicaron a “desenterrar” recuerdos reprimidos de sus pacientes que desembocaban indefectiblemente en sórdidas historias de abusos, a menudo cometidos por los padres de los pacientes.  Esta actividad exhumadora resultó ser buen negocio para los terapeutas y ruinosa para las familias afectadas.  Acusaciones penales, detenciones, y pacientes que acababan desdiciéndose, demasiado tarde para evitar el destrozo que causan años de desconfianza y sufrimiento en una familia.

Complicado asunto el de los falsos recuerdos, sobre todo para un sistema judicial donde se confía en los recuerdos de los testigos.  Así, no es tan infrecuente encontrarse con verdaderos patinazos judiciales producidos por la falta de fiabilidad

Uno de estos casos es el de Steve Titus, un hombre que lo tenía todo para ser feliz y al que una falsa acusación de violación basada en una identificación errónea por parte de una víctima a la que engañó su memoria, le condujo a una espiral de desgracias que culminó en un ataque al corazón que acabó con su vida con tan sólo 35 años.

Para saber algo más de proceso de construcción de falsos recuerdos y para conocer más sobre Steve Titus de la mano de alguien que trabajó en el caso, no te pierdas, lector, el siguiente vídeo, en el que la psicóloga Elizabeth Loftus nos ilustra sobre los potencialmente terribles efectos de la mala memoria.