La telepatía, de sueño a realidad

La telepatía es una de esas fantasías tradicionales del género humano. Eso de poder leer los pensamientos ajenos ha sido un tema muy trabajado en la literatura fantástica. Como lo fue volar en su momento. Y de la misma forma que la tecnología aeronáutica nos permitió pasar del mito de Ícaro y sus alas de cera al Boeing 787, ahora los avances neurocientíficos más la tecnología electroencefalográfica nos acaban de dar nuestro “momento Kitty Hawk”, el primer paso para convertir un sueño en realidad.

Un tipo en la India con un casco de EEG, o sea con unos cuantos sensores que miden su actividad cerebral en la cabeza, piensa en la palabra “hola”, o, más bien, en el equivalente binario (ceros y unos en lugar de letras) de la palabra “hola”. Se le pide al individuo que al pensar en ceros imagine mover los pies y que si se trata de unos imagine mover las manos.   Así se genera una actividad eléctrica suficientemente potente y distintiva, actividad que se codifica y se manda vía internet.

A miles de kilómetros, en Francia, otro tipo espera el peculiar mensaje. Tiene puesto un antifaz y apoya su cabeza en una especie de gran imán, un aparato capaz de crear un campo electromagnético que produce señales eléctricas en la corteza del receptor. Esas señales, a su vez, causan lo que se conoce como fosfenos, fogonazos de luz percibidos por el cerebro sin pasar por los ojos, simplemente como consecuencia de la pura actividad eléctrica en la corteza visual. Fogonazo = 1, no fogonazo = 0. Una vez la sucesión de fogonazos y no fogonazos termina, al receptor sólo le queda decodificar de binario a alfabético. “Hola”. Prueba conseguida. Transmisión telepática lograda.

Sí, de acuerdo, este experimento (donde, por cierto, hay gran presencia de investigadores españoles) es bastante pedestre. De hecho, tanto el tiempo de transmisión (70 minutos para decirse un simple “hola”), como la tasa de errores (hasta el 15% en las distintas pruebas que se hicieron) indican que estamos lejos de contarnos nuestras cosas directamente de cerebro a cerebro. Pero es un primer paso.

Eso sí, mientras hacemos tiempo para que se den los miles de pasos que deben darse hasta tener algo más práctico entre manos, el que quiera irse preparando con una primera experiencia en el apasionante mundo de la electroencefalografía tiene una colección de ejercicios de relajación y concentración en Unobrain basados precisamente en esa tecnología.