Lucy, una criatura inteligente en una película tontísima

Además de con su refresco y con su cubo de palomitas de maíz, el espectador-tipo de una película acude al cine cargado de buena fe. En el contrato implícito que establece con el cineasta, el espectador está dispuesto a firmar la cláusula de suspensión de la incredulidad. Quiere ser embaucado, dejarse envolver en realidades imposibles durante un par de horas. A cambio, le pide al cineasta un mínimo de habilidad para hacer que lo imposible resulte verosímil, y otro mínimo de talento para que dejarse embaucar acabe mereciendo la pena. Algunos directores particularmente talentosos, como Hitchcock, pueden permitirse apoyarse en McGuffins absurdos para hacer avanzar la trama, pero lo normal es que se cuide mucho la verosimilitud, sobre todo cuando el talento escasea.

Si, como sus primeras películas invitaban a pensar, Luc Besson tuvo alguna vez talento, definitivamente lo perdió hace mucho tiempo. Se le debió de caer del bolsillo al filmar la escena final de Nikita. Ahora todo queda reducido a un manierismo extremo y a una falta escandalosa del sentido del ridículo. Visto que ambas cosas están muy presentes en Lucy, su última obra, uno esperaría que Besson hubiese cuidado el asunto de la verosimilitud, pero, ¡qué va! Besson es mucho Besson.

“Lucy” es un penoso intento de construir una película de acción alrededor de una individua cuya capacidad cerebral aumenta gracias a una droga, CPH 4 (que Besson dice que existe con otro nombre, claro que de Besson hay que fiarse más bien poco). ¿De qué nivel a qué nivel? Del 10% de nuestro cerebro que supuestamente utilizamos los humanos (frente al 20% de nuestros primos los delfines), hasta el 100%, donde Scarlett Johansson se convierte en una especie de diosa omisciente, omnipotente y omnipresente.

En resumidas cuentas, una idiotez pretenciosa que indignará a amantes del buen cine, a antropólogos, a bioquímicos y a todo aquel  que esté tratando de acercar al gran público el conocimiento que, de verdad, se tiene sobre el cerebro. Afortunadamente, a estas alturas, los lectores de este blog ya saben que lo del 10% es tan mito como la comparativa igual-igual con los delfines.

Por cierto, “Lucy” es el éxito del verano. Ha recaudado casi 200 millones de dólares, o sea, cinco veces lo que costó producirla. He aquí una muestra del esnobismo de la inmensa mayoría de críticos, del tirón del cerebro como tema, o del decremento del cociente intelectual medio en el mundo occidental observado en los últimos años (pero ese tema, para otra entrada del blog).