¿Mejorar las funciones ejecutivas? Más fácil cuanto más joven

Desde hace varias décadas se asume que no siempre hay que conformarse con el cerebro que a uno le ha tocado. En el caso de personas sanas y también en el de aquellas con enfermedad de Alzheimer sabemos que el cerebro adulto conserva cierta capacidad de cambio basada en conceptos como el de plasticidad neural. Y basándose en este mismo principio se han desarrollado nuevas y progresivamente más numerosas investigaciones sobre los efectos del entrenamiento cerebral y la estimulación cognitiva sobre el funcionamiento mental, algo quizá más intenso desde la incorporación de las nuevas tecnologías al campo del cuidado del cerebro.

Se entrena la memoria. Se trabaja la atención. Y en los últimos tiempos, el interés ha recaído sobre las funciones ejecutivas, esas capacidades mentales que permiten a las personas plantearse metas a conseguir y diseñar y ejecutar los planes de acción necesarios para lograr sus objetivos, ajustándose a los posibles cambios y resolviendo problemas. Dentro de los trabajos recientes encontramos el de Sandberg y sus colaboradores, publicado en Aging, Neuropsychology and Cognition (2014), quienes han intentado comprobar si el entrenamiento en ciertos procesos ejecutivos puede mejorarlos y además, si esas mejoras se transfieren a otros procesos más complejos distintos a los entrenados. En su experimento participaron 29 adultos sanos jóvenes y otros 30 mayores. Todos realizaron un entrenamiento de 15 sesiones de 45 minutos de duración, unas tres veces a la semana, que puso en marcha sus procesos de inhibición, actualización de información y cambio de la atención. Tanto antes del entrenamiento como después, se practicó una evaluación de sus funciones ejecutivas, con pruebas que iban de las  más semejantes a lo entrenado (transferencia cercana) hasta las más complejas y diferentes (transferencia remota)

Los resultados mostraron que, tanto para jóvenes como para mayores, el grado de mejora en los test tras el entrenamiento era mayor cuanto más parecida era la prueba a las tareas entrenadas, sin que se encontraran diferencias importantes en las tareas más diferentes. Sin embargo, sólo los adultos jóvenes mejoraron en pruebas de transferencia media que medían memoria de trabajo.

Según los autores, su hallazgo es una prueba de que podrían existir algunas restricciones en cuanto a la posibilidad de generalizar las capacidades ejecutivas adquiridas mediante el entrenamiento, especialmente en las personas más mayores. Así que, no esperemos a cumplir más años y pongamos nuestro cerebro a trabajar cuanto antes para sacarle más partido a nuestro entrenamiento mental.

 

Imagen: Pixabay