Nicolas Cage, la CIA y una demencia frontotemporal

Es frecuente que el cine se utilice como vehículo para mostrar al público las características de algunos trastornos mentales y/o del pensamiento. ¿Quién no recuerda películas como ‘Una mente maravillosa’ en la que la esquizofrenia  y la genialidad intelectual conviven en un brillante Russell Crowe, o ‘El hijo de la novia’, dirigida por José Campanella, en la que la trama gira en torno a la enfermedad de Alzheimer, o ’50 primeras citas’, la comedia romántica protagonizada por Drew Barrymore y Adam Sandler, en la que ella sufre una amnesia anterógrada a consecuencia de un golpe en la cabeza.

Hoy le toca el turno a una reciente, ‘Caza al terrorista’, dirigida por Paul Schrader  (2014) y protagonizada por Nicolas Cage. En esta ocasión el actor interpreta a un agente de la CIA cuyo objetivo es eliminar a un terrorista que ya se daba por muerto… algo que no se sale mucho de lo habitual en cuestión de guiones, salvo por una cuestión: su demencia frontotemporal.

Con diversas pinceladas, la película intenta mostrar cómo sería padecer esta enfermedad… no poder hablar bien, no saber cómo regresar a un hotel… Nosotros vamos a aprovechar la ocasión para explicar mejor qué es la demencia frontotemporal, concretamente su variante conductual, y cómo afecta a las personas que la sufren. En este sentido encontramos muy útiles los criterios diagnósticos alcanzados por el International Behavioural Variant FTD Criteria Consortium y publicados en un artículo en la revista Brain: A Journal of Neurology (2011).

Para sospechar de una demencia frontotemporal - variante conductual (DFT-VC) lo primero que debemos observar es un deterioro progresivo de la personalidad, la conducta social y la cognición. Esto significa que debe haber un empeoramiento en estas áreas a lo largo del tiempo.

Para realizar un diagnóstico de DFT-VC POSIBLE deben darse, además, al menos 3 de los siguientes 6 síntomas conductuales/cognitivos:

1. Desinhibición: por ejemplo con un comportamiento social inadecuado, una pérdida del pudor o el decoro y la presencia de impulsividad.

2. Apatía o inercia.

3. Pérdida de empatía o de interés por los demás y por las propias aficiones.

4. Conductas perseverativas o compulsivas, como rituales o movimientos repetitivos.

5. Hiperoralidad: comer, beber, fumar en exceso o incluso explorar objetos con la boca.

6. Alteración en las funciones ejecutivas: realizan mal las pruebas ejecutivas aunque pueden tener una preservación relativa de la memoria episódica y de las habilidades visoespaciales.

El siguiente paso en el diagnóstico sería afirmar con algo más de garantías que se trata de una DFT-VC PROBABLE. Para otorgar este diagnóstico tienen que cumplirse otros dos criterios. Por un lado, el deterioro ocasiona una discapacidad a nivel funcional, lo que significa que la persona no es capaz de realizar sus actividades cotidianas como antes. Por otro lado, tienen que encontrarse signos de degeneración en las áreas fronto-temporales del cerebro, ya sea atrofia, hipoperfusión o hipometabolismo según la prueba utilizada.

Como podemos ver, no toda la demencia es Alzheimer ni mucho menos, y conviene siempre estar informado para reconocer los cambios cuando se presenten, sospechar y solicitar la ayuda necesaria. La información es poder y en la salud sobretodo.

 

Imagen: o5com (Flickr)