Las novelas, vitaminas cerebrales

¿Has aprovechado esta Navidad para enfrascarte en la lectura de una buena novela? ¿No? Pues has hecho mal. No ya sólo por el placer de suspender tu descreimiento y dejarte transportar por un mundo construido a base de combinar los humildes veintisiete ladrillos del alfabeto. Es que además habrías practicado una gimnasia cerebral de lo más recomendable.

Eso es al menos lo que cabe deducir del estudio Efectos a corto y a largo plazo de una novela en la conectividad cerebral. En este estudio, 19 sujetos leyeron la novela Pompeya, de Robert Harris, una novela que se puede discutir si es buena o no, pero que enganchar, engancha lo suyo. Precisamente se buscaba ese “enganche narrativo”, y la historia de un protagonista aventurero que comienza a observar fenómenos volcánicos curiosos. Y así lo demostraron las sucesivas resonancias magnéticas a las que fueron sometidos los lectores por parte de los investigadores de la Universidad de Emory responsables del estudio. En esas resonancias se apreció un incremento notable de la conectividad cerebral, particularmente en dos áreas importantes: en el córtex temporal izquierdo, asociado al procesamiento del lenguaje, y en el área motora primaria, asociada, obviamente, al movimiento. Particular interés presenta esta última, pues a menudo se activa cuando observamos a un tercero llevar a cabo una actividad física. Eso querría decir que, efectivamente, al leer una novela y dejarse enganchar por ella nos ponemos neuronalmente en la piel del protagonista, experimentamos lo que él o ella experimenta.

Se constata, pues, lo que los noveleros siempre supimos: el poder de las novelas va mucho más allá de la capacidad de entretener. Y más sabiendo que los efectos en términos de conectividad cerebral mejorada se mantienen más allá de la finalización de la lectura de la novela. En el caso del estudio que nos ocupa, cinco días después los sujetos seguían teniendo a Pompeya y los pompeyanos en la cabeza.

Ver el mundo a través de otros ojos y poner al cerebro a hacer pesas. ¿Qué más se puede pedir?

A leer toca, libres ya de ese sentimiento de culpa de los que ven la lectura de novelas como una gran pérdida de tiempo, pues resulta que las novelas, como el entrenamiento en Unobrain, contribuyen a tu bienestar cerebral. Un par de novelas al mes y diez minutos al día en Unobrain: magnífica inversión.