Oliver Sacks: el profesor se despide de nosotros

A quien le guste el misterio y le apasione el cerebro, ha encontrado siempre en las obras de Oliver Sacks una de las mejores formas de combinar ambas cosas. Este neurólogo británico ha sido profesor de la Universidad de Nueva York durante años, ha visto innumerables pacientes y ha escrito libros tan famosos como El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, obra en la que expone las rarezas cognitivas de personas con distintas afecciones, siempre desde un punto de vista cercano y respetuoso, e intentando encontrar explicaciones científicas para los misterios cerebrales. Su libro Un antropólogo en Marte tiene un formato similar, basado en la exposición de casos en los que el daño neurológico produce bien excesos, como en los tics crónicos experimentados en el Trastorno de Tourette, o bien defectos, como en las amnesias.

Con  Despertares, Sacks cuenta su propia historia al descubrir los efectos positivos que la administración de L-Dopa tenía sobre pacientes catatónicos afectados de encefalitis letárgica. La obra sería llevada a la gran pantalla en 1990, donde Sacks fue interpretado por Robin Williams.

En el transcurso de los años Oliver Sacks nos ha ido entregando preciados regalos llenos de conocimiento a través de sus obras Con una sola pierna, La isla de los ciegos al color, Migraña o Veo una voz. Más recientemente encontramos títulos como Musicofilia o Alucinaciones, en los que el autor revisa en su estilo sencillo y didáctico las teorías, casos y hallazgos científicos sobre la música y las alucinaciones respectivamente y su relación con el cerebro.

Una noticia nos entristecía este fin de semana. Sacks, colaborador habitual de The New York Times, anunciaba su retirada por problemas graves de salud. Una metástasis agresiva en el hígado a consecuencia de un melanoma que padeció en un ojo le lleva a contar que son pocas las semanas de vida que le restan y que quiere va a dedicar su tiempo, precioso ahora, a tareas fundamentales. Y se despide de nosotros de una forma serena y agradecida, dándonos una lección más de vida.

Es difícil explicar cómo se echará tanto de menos a alguien que nunca has conocido en persona pero que te ha acompañado e inspirado a lo largo de los años en el viaje que supone conocer el cerebro. Que sirva este post como un humilde homenaje para uno de los más grandes, uno de esos amantes del cerebro que supo indagar y relatar sus maravillas a través de horas de paciencia y dedicación. Recordaremos esa visión tan humana de los pacientes y le agradecemos que nos haya transmitido toda su sabiduría a cada nueva obra. Felicidades por toda una vida bien vivida y bien aprovechada, profesor.

 

Imagen: Steve Jurvetson (Flickr)