¿Por qué nos pican los mosquitos? Su agresividad, una cuestión cerebral

Llegan las vacaciones, un tiempo destinado a desconectar de nuestras rutinas habituales y disfrutar del verano. Con el tiempo estival nos acompañan las altas temperaturas y también unos molestos compañeros de viaje, los mosquitos. Sus picaduras son una de las cosas más fastidiosas del verano, y no hay mañana en la que nos levantemos sin alguna zona roja nueva en nuestra piel. Desde hace años la investigación busca entender por qué nos pican los mosquitos, y cuáles podrían ser los mejores trucos para frenar sus agresivos ataques.

Hasta el momento sabíamos que los mosquitos elegían a sus víctimas en función de la cantidad de dióxido de carbono que emitían al respirar, y de la concentración de ácido láctico que detectaran en el sudor de esta persona. Estos dos compuestos químicos son clave para que el insecto decida picarnos. Por este motivo, entomólogos de la Universidad de Florida han desarrollado 'trampas' que emiten dióxido de carbono, para confundir a los mosquitos y evitar que nos piquen.

Al contrario de lo que podríamos pensar, los insectos no se alimentan de nuestra sangre. Su picadura, sin embargo, es fundamental para que puedan asegurar la supervivencia de su especie. La hembra del mosquito aprovecha nuestra sangre para 'recoger' proteínas que necesita para asegurar su fertilidad. En realidad, estos insectos se alimentan del néctar de las flores, por lo que la picadura sólo sirve para garantizar su propio futuro.

Insecto - Unobrain

Su agresividad, sin embargo, no ha sido todavía explicada. Entender por qué nos pican los mosquitos de manera tan 'feroz' podría ser una cuestión cerebral. Una investigación publicada en la revista PNAS sugiere que el ganglio cerebral de los insectos, que sería equivalente al cerebro de los humanos, juega un papel decisivo para determinar la agresividad de sus picaduras. El metabolismo de su minúsculo 'cerebro', es decir, de lo que se alimenta su ganglio cerebral, influye en su agresividad.

El estudio realizado por científicos de la Universidad de Illinois explica que alterar el metabolismo de este 'cerebro de mosquito' permitiría cambiar también su agresividad, y con ella, tal vez evitar las picaduras. Los cambios metabólicos analizados, que estaban directamente relacionados con la agresividad de los insectos, se conservaban en dos especies muy diferentes, que se habían separado evolutivamente hace trescientos millones de años.

En otras palabras, la forma en la que el ganglio cerebral de los insectos produce energía (también llamado metabolismo) es clave para determinar el mayor o menor grado de agresividad que presente. Ante la presencia de un 'intruso', como podríamos ser las personas u otros animales, estos seres vivos manifiestan un mayor o menor grado de 'ferocidad' a la hora de 'atacarnos'. Esta investigación muestra cómo en animales no tan evolucionados como los seres humanos, su 'equivalente' cerebral juega un papel clave para entender cómo se comportan. 

Imágenes | Nuzree (Pixabay), Jeff Capeshop (Flickr)