¿Puedes recordar lo que sueñas?

Parece que podemos diferenciar quiénes son los que recuerdan más frecuentemente sus sueños a través de la propia actividad del cerebro. Así lo contaron Jean-Baptiste Eichenlaub y otros investigadores franceses en un artículo publicado en 2013 en la revista Cerebral Cortex.

Según explican al inicio de su publicación, conocemos muy poco sobre las bases neurales de los sueños y quizá ello sea debido a que tradicionalmente los estudios se han centrado en el análisis de una sola fase del sueño, la fase REM (del inglés Rapid Eyes Movement). Las investigaciones clásicas sugerían que era durante esa fase en la que uno soñaba, y despertarse durante ella era lo que se asociaba con una mayor probabilidad de recordar lo que se estaba soñando. Según Eichenlaub y su equipo, esta hipótesis ha sido discutida a raíz de otros hallazgos científicos, como por ejemplo el hecho de que despertarse en una fase no-REM puede seguirse del recuerdo de un sueño en hasta un 75% de las ocasiones, o de la existencia de pacientes con lesiones cerebrales en los que la capacidad para soñar se ha perdido aunque no se altera la fase REM, de forma que ambas cosas podrían ser disociables.

Los autores del texto se basan en otro modelo teórico, planteado por Koulack y Goodenough en 1976, que postula que el poder recordar un sueño a la mañana siguiente (y por tanto haberlo guardado en la memoria a largo plazo durante la noche) depende de los despertares o activación durante el sueño. Algunos estudios, según relatan, han encontrado que las personas que generalmente recuerdan más los sueños, también dicen experimentar más ‘despertares’ durante el sueño que los que no suelen recordar lo que sueñan.

Pues en este estado de la cuestión, el equipo de investigadores franceses realizó un experimento en el que comparó las características del sueño y la actividad cerebral de 18 personas con alto recuerdo (más de 3 veces a la semana) y 18 personas con bajo recuerdo (menos de 2 veces al mes) de sueños. Utilizaron registros polisomnográficos y de potenciales evocados auditivos mientras se exponía a los sujetos a su nombre propio, otros nombres y distintos tonos y sonidos, en dos momentos: despiertos mientras veían una película sin sonido y dormidos.

Los resultados mostraron que:

-El grupo que más recordaba sus sueños también pasaba más tiempo desvelado durante el dormir. Aunque se despertaba más o menos las mismas veces que el otro grupo, sí pasaba significativamente más tiempo despierto hasta volver a dormirse.

 -Cuando los participantes estaban despiertos y escuchaban un nombre distinto al suyo o un sonido poco frecuente, la respuesta cerebral de orientación de la atención (onda P300) y un componente parietal más tardío (relacionado con la memoria) eran mayores en el grupo que recordaba sus sueños más frecuentemente.

-Cuando los participantes estaban dormidos, se observó esa misma diferencia en la latencia del componente P300 ante los estímulos novedosos, también en otras ondas cerebrales más tardías que se asocian con un procesamiento cognitivo complejo.

Según los datos encontrados, parece que aquellas personas que al despertarse tienen su sueño en mente de manera más frecuente, poseerían una respuesta de orientación de la atención mayor no sólo mientras están despiertos (como si fuesen más reactivos al mundo externo, según los autores), si no también cuando están dormidos.

Es interesante ver que las respuestas cerebrales de ambos grupos de personas ante distintos tipos de información son diferentes tanto durante el sueño como estando despiertos, lo que parece sugerir que su organización cerebral funcional es distinta y quizá sea eso lo que facilita que algunos sean más capaces de generar un recuerdo o memoria del sueño. Estos resultados abren nuevas vías de investigación para conocer un aspecto de nuestra vida que sigue siendo misterioso, el por qué soñamos y cómo lo hacemos.

 

Imagen: photosteve101 (Flickr)