¿Qué hace tu cerebro cuando ayudas a alguien a regular sus emociones?

Desde muy pequeñitos intentan que aprendamos a regular nuestras emociones, a no tener rabietas, a manejar adecuadamente la frustración, a preocuparnos por los demás… Y gracias a los estudios de neuroimagen sabemos que muchas de esas habilidades requieren que dominemos nuestro sistema límbico poniendo en marcha nuestra corteza cerebral prefrontal. Esta parte de la corteza es la que madura de forma más tardía en el desarrollo y es la que se encarga de modular la actividad de otras estructuras como la amígala y la ínsula.

Sin embargo, en esto de las emociones sabemos poco de cómo se comporta nuestro cerebro cuando intentamos regular las emociones de los demás, como por ejemplo cuando intentamos ayudar a otra persona que vemos que lo está pasando mal.

Un estudio pionero realizado en Reino Unido aporta algo de conocimiento en este sentido. Los resultados, publicados en Frontiers in Human Neuroscience (2014), nos permiten tener una idea que qué estructuras se ponen en funcionamiento y cuáles son las diferencias neurales entre regular nuestras propias emociones e intentar regular las de los demás. En el experimento participaron un total de 20 personas a las que se mostraban unos vídeos sobre escenas desagradables y tristes. En una de las esquinas de la pantalla, se presentaba simultáneamente un vídeo de otra persona que respondía a la vez a los mismos videos, como si fuera un video-chat. A todos ellos se les pedía que respondieran de una de dos formas: intentando regular sus propias emociones (regulación intrapersonal) o intentando ayudar a la persona del video-chat a regular las suyas (regulación interpersonal) utilizando frases como ‘es sólo un vídeo’ (reevaluación) o ‘no te inmutes’ (supresión de emociones).

Los análisis de las imágenes de resonancia magnética funcional mostraron que cuando regulamos emociones, ya sea propias o de otros, se pone en marcha una red cerebral común que incluye la corteza frontal lateral de ambos hemisferios, el área motora pre-suplementaria y la unión temporal parietal izquierda. Sin embargo, y de forma particular para la regulación interpersonal, se activan áreas como la ínsula, el polo temporal anterior izquierdo, la corteza prefrontal medial, el núcleo caudado y el giro temporal inferior bilateral.

Según los autores, en la regulación emocional interpersonal participarían tanto los procesos cognitivos como los afectivos de la empatía, tal como sugieren los datos de la actividad cerebral. Todos estos hallazgos podrían ser de especial importancia para la comprensión de aquellas personas que presentan problemas de interacción social. Y al final todo se basa en encontrar un perfecto equilibrio en nuestros cerebros y hallar las dosis justas de emoción y control.

 

Imagen: Nemo (Pixabay)