Remember me, un videojuego con la memoria como protagonista

La memoria es un tema recurrente en este blog. Dado que hacemos lo que hacemos, la conservación de la memoria como facultad cognitiva es algo bastante serio. Pero, a veces, es saludable dejar apartada la evangelización sobre los beneficios del entrenamiento en Unobrain para la memoria y tomarse un respiro editorial. Por ejemplo, para hablar de un videojuego no particularmente útil, cerebralmente hablando, pero si basado en la memoria y francamente entretenido.

Y es que la industria del entretenimiento ha utilizado la memoria como elemento narrativo con mucha frecuencia. En la gran pantalla, sin ir más lejos, ya en 1945 Hitchcock sostenía el suspense de “Recuerda” en la amnesia de Gregory Peck, y dejaba con la ayuda de Salvador Dalí un monumento a la influencia del psicoanálisis como paradigma cultural del siglo XX en un sueño paradójicamente memorable. Amnésicos eran también Alan Ladd en “La dalia azul” (1946) e Ingrid Bergman en “Anastasia” (1956).

A partir de esos clásicos en blanco y negro, el papel narrativo de la memoria evoluciona en dos direcciones. La primera es la continuista, con amnésicos a los que se les incorporan peculiaridades cuasi clínicas que permiten nuevos tratamientos fílmicos (véanse  Guy Pierce en “Memento” (2000) y Matt Damon en “El caso Bourne” (2002) por ejemplo). La segunda apunta a la conversión de la memoria, territorio íntimo donde los haya, en una materia prima transable en un mundo futuro en el que las fuerzas  económicas han traspasado la última frontera. Por ahí apuntan “Desafío Total” (1990) o Johnny Mnemonic (1995).

El mundo del videojuego, como sucesor in pectore del cine y la televisión, bebe de esas fuentes, igual que el cine bebió de la literatura. Así, “Recuérdame”, el videojuego que Capcom sacó al mercado el pasado junio con razonable éxito de crítica y público, tiene una deuda evidente con los pioneros de esa segunda vía, la de la mercantilización futura de la memoria.

NeoParís, 2084. Un mundo en el que el “remezclado de recuerdos”, la posibilidad de alterar los recuerdos de una persona para introducir elementos que nunca estuvieron allí, está a la orden del día. Una empresa malvada que controla al personal gracias a implantes con los que la gente sube felizmente sus recuerdos y los comparte, literalmente, en la red (nota: ¿alguna inspiración en los apocalípticos, versión Google Glass?). Y los buenos, los “erroristas”, dispuestos a devolver la libertad cerebral a sus semejantes sometiendo a la CEO de la malvada empresa a un remezclado. Una narrativa familiar que apunta a la memoria como tema que goza de muy buen estado de salud.

¿Suena apetecible?  Pues nada, lector, a jugar.  Y a contar luego aquí tus impresiones.