¿Tienen mejores funciones ejecutivas los músicos profesionales?

La música tiene efectos muy positivos conocidos sobre algunas variables psicológicas como el  aprendizaje o el estado de ánimo pero, ¿puede la música llegar a cambiar nuestro cerebro y hacernos mejores en capacidades como la planificación o la resolución de problemas? Estas habilidades se enmarcan en lo que se ha denominado funciones ejecutivas, que son un conjunto de capacidades que nos permiten plantearnos objetivos y guiar nuestro comportamiento de cara a su consecución, ajustándonos a las demandas del entorno y modificando nuestros planes cuando es preciso hacerlo.

J. Zuk y su equipo de investigadores realizaron dos investigaciones en las que analizaban el rendimiento cognitivo y el funcionamiento cerebral de adultos y niños con formación musical amplia. En el primer estudio  participaron 30 adultos con y sin entrenamiento musical a los que se comparó en una serie de test de funciones ejecutivas. En el segundo estudio se realizó la misma evaluación a 27 niños con y sin formación musical, y además se les realizaron resonancias magnéticas funcionales.

Los resultados se han publicado recientemente en la revista PLos ONE (2014) y nos dicen que:

-Los adultos con experiencia musical  mostraron mejor rendimiento en los test que evaluaban flexibilidad mental (capacidad de cambiar de una respuesta a otra, de una idea a otra, etc.), fluidez verbal (decir palabras que comiencen por una letra concreta) y memoria de trabajo (poder mantener y actualizar información ‘online’ hasta dar una respuesta).

-Los niños con formación musical puntuaron más alto en medidas de fluidez verbal y velocidad de procesamiento. Además, se registró una mayor actividad en el área motora suplementaria y en la corteza prefrontal ventrolateral en pruebas de abstracción y cambio de tarea.

Los autores del estudio concluyen su artículo argumentando que estos efectos de la experiencia musical sobre las funciones ejecutivas y el cerebro frontal podrían estar relacionados con los beneficios sobre el rendimiento académico que la música ha demostrado tener en otras investigaciones.

Este hallazgo abre la puerta a cuestiones curiosas. Por ejemplo, esos beneficios, ¿dependen del instrumento musical que se practique? (¿es igual un violín que una guitarra eléctrica?) o más allá, ¿el estilo de música que tocas tiene importancia en esa relación (¿será igual para el que toque música clásica que para el que toque heavy metal?). En cualquier caso, la formación musical es otra forma de estimular el cerebro y eso siempre es positivo.

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Imagen: Jonas Bodenhöfer (Flickr)