Y tú, ¿rumias tus problemas?

Hablamos de ‘rumiación’ cuando queremos referirnos a esa tendencia a darle vueltas a los problemas y preocuparnos por ellos una y otra vez, de forma pasiva y negativa. Es una conducta bastante frecuente en personas con depresión, pero no es algo que suceda exclusivamente en ellas. Muchas personas piensan de forma repetida en las cosas que les preocupan sin que ello derive necesariamente en un trastorno depresivo, aunque sí es cierto que provocan un estado de ánimo negativo.

Entendiendo que lo que pensamos tiene lugar en el cerebro, nos planteamos si ese comportamiento rumiativo en relación a los problemas tiene un lugar o lugares específicos en el cerebro y si hay diferencias entre personas sanas y pacientes con depresión. Y encontramos una investigación que puede enseñarnos algo al respecto. El trabajo, publicado en 2014 en la revista Biological Psychology, tenía como objetivo analizar la relación entre la respuesta de rumiación y la actividad cerebral evaluada con resonancia magnética funcional.

Camille Piguet, de la Universidad de Génova (Suiza), y su equipo de colaboradores, pidieron a un grupo de 20 personas sanas (sin depresión) que completaran la Ruminative Response Scale, (un test para cuantificar la tendencia a rumiar de los participantes) además de otras pruebas para valorar la depresión y la ansiedad.

Por otro lado, se les planteaba un ejercicio de cambio de tarea en la que se presentaban imágenes de caras de personas (tres a la vez) y se les pedía que marcaran cuál de ellas era la diferente en base a un criterio dado con anterioridad: sexo (hombre –mujer), emoción (triste – alegre) y el color de la imagen (rojo o verde). Este tipo de diseño corresponde a un paradigma de cambio de tarea en el que hay que actualizar de forma continuada el criterio que nos lleva a decidir correctamente los estímulos. En este sentido compararon dos condiciones: una más difícil en la que se debía cambiar el criterio en tres ensayos seguidos (sexo-color-emoción) que supondría más carga cognitiva, y otras más fáciles en los que, por ejemplo, podía repetirse el criterio de un ensayo a otro (color-color-color). Los investigadores plantearon también una condición de control en la que simplemente se les solicitó que permanecieran relajados.

Todo lo anterior se realizó mientras se tomaban imágenes de resonancia magnética funcional de cada participantedurante la realización de las actividades.

Los resultados mostraron que tanto en reposo como en los ensayos más fáciles, los sujetos sanos (sin depresión) que mostraban más tendencia a la rumiación activaban más intensamente la corteza entorrinal izquierda. Por otro lado, una menor tendencia a rumiar correlacionó con mayor activación de la corteza visual en la condición de control (no tarea) y con la activación de la ínsula durante la tarea fácil.

Los autores concluyen que estos datos parecen señalar la existencia de un marcador neural de esa tendencia a rumiar, que se caracterizaría por una actividad mayor en las áreas asociadas a la memoria. Este perfil podría significar que estas personas mantienen sus pensamientos de forma interna incluso durante la realización de otras tareas.

Estos resultados son muy interesantes y quizá contribuyan a la explicación de por qué la rumiación puede actuar como un distractor de nuestra atención y una conducta entorpecedora de los procesos mentales complejos. No rumies y ponte manos a la obra en el cuidado de tu cerebro.