Uno de los secretos de la creatividad: acercarse a la frontera y no cruzarla

Casi todos tenemos una intuición con respecto a las personalidades particularmente creativas. Nos da en la nariz que ese pintor genial al que le toleramos bigotes en punta, ojos desorbitados y shows surrealistas, o esa cantante que aparece con un vestido hecho de carne cruda en la portada de Vogue, están a un paso de la chaladura. Sobran los ejemplos de artistas que claramente cruzaron esa frontera para su perdición, desde el desorejado Van Gogh hasta el poeta Panero que ha hecho de los hospitales psiquiátricos su hogar.

Ahora bien, una intuición no pasa de intuición hasta que no haya evidencias sólidas que la validen. ¿Qué tienen que decir los hombres y mujeres de ciencia a este respecto? ¿Hasta qué punto están relacionadas la creatividad y la enfermedad mental?

Hace pocos días, un equipo conjunto de la Universidad de Oxford y de la Berkshire Healthcare NHS Foundation Trust puso su granito de arena al publicar el estudio Rasgos psicóticos en los cómicos en el British Journal of Psychiatry.  

La tradición cómica en Inglaterra da para eso y para mucho más. Allí los “payasos” son gente respetada, pues se hacen respetar. Ayuda, por ejemplo, que Mister Bean tenga un máster en ingeniería eléctrica por Oxford o que el Doctor House sea antropólogo por Cambridge. Fue allí, en Cambridge, donde Hugh Laurie (un Doctor House americano más inglés que el afternoon tea) conoció a Stephen Fry, su pareja cómica, uno de los hombres más ilustrados de las islas, y que ha dejado inteligente constancia de lo que es ser cómico y padecer trastorno bipolar.

Es con este envidiable material con el que trabajaron los autores del estudio. Sometieron a un test psicológico a más de 500 cómicos británicos, a unos 300 actores (que actuaron como grupo de control) y a unas 800 personas en ocupaciones no particularmente creativas. El resultado fue que los cómicos dieron medidas altas en áreas como la introversión anhedónica o la no conformidad impulsiva, un resultado coherente con la existencia de rasgos psicóticos a menudo asociados al trastorno bipolar o la esquizofrenia.

¿Significa eso que la creatividad asociada a la comicidad es un agradable efecto secundario de la enfermedad? No necesariamente. El modo adecuado de interpretar los resultados, de acuerdo a comentarios posteriores de sus autores, es el de cómo la exacerbación de unos rasgos que en medidas tolerables llevan a ser capaces de pensar de modo lateral, a demostrar una tremenda capacidad para unir elementos dispares de manera creativa, pueden desembocar en la enfermedad mental.

Así pues, si buscas ser más creativo o creativa, ya sabes, suéltate el pelo sin perder la cabeza. Y, por supuesto, practica Unobrain.