El hombre más feliz del mundo

Matthieu Ricard (1946) es uno de los meditadores occidentales más famosos del planeta. Se doctoró en genética molecular y, en 1967, viajó a la India por primera vez y entró en contacto con uno de los maestros tibetanos, Kanguiur Rimpoché, con quien volvió cada verano sin dejar de lado sus investigaciones científicas, hasta establecerse definitivamente en el Himalaya en 1972.  

El trabajo de Ricard ha permitido realizar avances de inestimable valor en la investigación de los efectos de la meditación en el cerebro. Además de escribir varios libros sobre su experiencia personal y sobre budismo y de traducir textos clásicos budistas, Matthieu Ricard ha participado activamente en los diálogos entre ciencia y budismo impulsados por el Dalai Lama y otros pensadores budistas.

Esto último, junto con su mentalidad científica, le llevó a colaborar con expertos de diversas universidades americanas con el afán de demostrar al mundo occidental los beneficios de la meditación en el cerebro y en nuestro día a día. Todo con el respaldo de la ciencia.

Matthieu se sometió a diversas pruebas para medir sus niveles de estrés, irritabilidad, placer, enfado y otros parámetros, a través de resonancias magnéticas y técnicas de electroencefalografía. El resultado fue sorprendente, hasta tal punto que Ricard fue declarado el hombre más feliz del mundo”por la Universidad de Wisconsin.

A lo largo de las investigaciones se descubrió que la meditación mejora la concentración y la percepción, puede mejorar el sistema inmune debido a la supresión de las sustancias causantes del estrés en la sangre, fomenta el aprendizaje (por lo que estaría indicada para niños) e incluso produce cambios físicos en el cerebro como la reducción de la cantidad de materia gris en la amígdala (causante del estrés) y una mayor densidad de materia gris en zonas del cerebro relacionadas con las emociones positivas (lóbulo frontal izquierdo).

“Todo esto está muy bien, pero no pienso irme a las montañas de Nepal por mucho que me digas que la felicidad esta allí.” Nada más lejos, en estas investigaciones quedaba en el aire una duda: ¿Acaso tanto Ricard como los demás monjes que se ofrecieron para el estudio tenían una predisposición (genética por ejemplo) a presentar semejantes estructuras cerebrales? Pues bien, nuevos estudios, empleando un grupo de control que no meditaba y otro que sin experiencia previa empezó a hacerlo, demostraron que era la meditación la que producía dichos cambios en el cerebro, además de que estos efectos podían ser conseguidos por cualquiera y en un lapso de tiempo bastante más breve que el que en un principio se podía llegar a pensar, unas ocho semanas o menos.

Así, llegamos a Unozen. Con constancia, podremos reducir apreciablemente nuestros niveles de estrés y conseguiremos bloquear más eficientemente las emociones negativas. Está demostrado científicamente que no es necesario estar horas meditando para conseguir estos efectos.

Y ahora, ¿qué más motivos necesitas para probar Unozen?