Un ataque de lucidez: la historia de Jill

Hace ya unos cuantos años que una buena amiga me regaló el libro que acabo de terminar. Y debo decir que ‘Un ataque de lucidez’ me parece un libro estupendo, indicado para todas aquellas personas que sientan interés por el cerebro, por la forma en que puede alterarse y también por la magia que permite su recuperación.  Pero también recomendable para aquellos curiosos que buscan una nueva forma de vivir su propia realidad.

Me alegra ver cómo, de boca de aquellos que lo han sufrido directamente, el daño cerebral puede no ser el final de una vida, sino casi un nuevo comienzo. Este es el caso de la doctora Jill B. Taylor, neuróloga, profesora e investigadora en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard. Esta neuroanatomista relata en su libro cómo vivió la experiencia de sufrir un ictus masivo en el lado izquierdo de su cerebro a los treinta y siete años de edad y la forma en que logró superar los graves daños que éste causó en sus capacidades mentales y físicas. La verdad es que sorprende su explicación, detalle a detalle, del día en que su vida se vio truncada a causa de la ruptura de una malformación arteriovenosa. Pero más sorprendente aún es leer el proceso de su recuperación, paso a paso, durante más de ocho años y descrito en poco más de 250 páginas. Nos cuenta Jill la importancia de cuidar el trato con el paciente de daño cerebral, de no sobreestimularlo y dejarlo dormir lo suficiente como parte necesaria en el proceso de curación. Sin embargo, no deja de lado la necesidad de apoyo social y afecto de familiares y amigos, así como el disponer de un equipo de buenos profesionales que sepan qué y cómo estimular. Y hablando de estimulación, una interesante recomendación de su parte refiriéndose a la práctica con los denominados ‘Serious Games’ o juegos que ejercitan la mente: ‘Creo que a todos los que pasan de los cuarenta, y a todo superviviente a un trauma cerebral, le vendría bien utilizar instrumentos de este tipo para ejercitar el cerebro. Yo le diría que en esas estamos, intentando concienciar a la población de lo verdaderamente relevante que es cuidar nuestro cerebro.

La doctora Taylor, Jill,  explica de una forma distinta y personal lo que el daño cerebral supuso para ella y lo mucho que le permitió aprender acerca del funcionamiento de su propio cerebro. Gracias al ictus fue consciente de las grandes diferencias en la forma de procesar la información y sentir la vida entre los dos hemisferios cerebrales que tenemos. Su lesión izquierda le hizo perder el habla interna y las capacidades de comunicación verbal con el entorno, supuso alteraciones en su percepción y su capacidad para hacer cálculos aritméticos, entre otras cosas. Sin embargo, esa misma lesión permitió que el lado derecho de su cerebro tomara el control y le permitiese, entre otras cosas, sentirse en sintonía con el universo, inmersa en sentimientos de alegría, paz y empatía hacia sí misma y los demás. Resalta el poder de la persona para manejar sus pensamientos y así poder controlar las emociones consecuentes. Es casi como una apología contra el catastrofismo y en favor del autocontrol para centrarse en el aquí y el ahora, prestando atención a esa charla interior nuestra, observándola sin dejarnos llevar por ella. Sus trucos para conseguirlo resultarán familiares a los psicólogos que lean su libro, donde reconocerán la parada de pensamiento, el uso de la distracción, el limitar el tiempo que dedicamos a pensar en negativo, y la utilidad de acudir a las sensaciones (olores, sabores, música, sonidos…) y el movimiento (yoga, ejercicio físico, tensión-distensión muscular) para volver al presente, al instante actual, alejándonos de pasados o futuros de cara a lograr la paz interior. En sus propias palabras, es atreverse a dar ‘un paso a la derecha’.

Estoy segura de que existen muchos casos como el suyo, personas que han demostrado la fuerza de superación del ser humano. Doy la enhorabuena a todas ellas por su afán y sus logros. Y también me toca agradecerle a Jill el esfuerzo que hizo por dejar constancia escrita de su historia. Ojalá sus palabras sirvan de ejemplo e inspiración para muchos.