El cerebro en la danza

El acto de bailar involucra funciones del sistema nervioso, cuyo trabajo es decisivo en el control de los variados y complejos movimientos corporales que requiere la danza. Bailar es una actividad que implica atención, memoria, voluntad, sensibilidad, emoción y muchas modalidades sensoriales además del movimiento.

En la corteza cerebral, la capa de tejido nervioso que cubre los hemisferios, se encuentran: el lóbulo frontal, que contiene las neuronas que, a su vez, controlan los músculos, reproducen el habla, elaboran el pensamiento y modulan la emoción; el lóbulo parietal, que recibe la información sensorial e influye en la ubicación espacial; el lóbulo temporal, que tiene que ver con los sonidos y la memoria; y el lóbulo occipital, que interpreta las imágenes. Además, está el cerebelo, que tiene relación con el control del cuerpo y el equilibro, fundamentales en la danza.

En el caso específico de la danza, el lóbulo parietal interviene también en el desplazamiento para lograr la  integración entre el bailarín y el espacio estático. Además debe calcular la relación espacial entre él y sus compañeros, quienes también están en movimiento. Todo esto requiere un alto grado de concentración.

Por otro lado, bailar también da placer a quienes observan mediante la emoción estética, pues en ellos se activan las llamadas neuronas espejo, que hacen al espectador equipararse al bailarín y crean en él un contagio emocional.

Muchas partes del cerebro entran en juego. La organización de nuestros movimientos al ritmo de la música, la de los patrones espaciales, entender la melodía, la armonía y los sonidos musicales, y las emociones transmitidas por la música y por nuestros movimientos y los de quienes tenemos alrededor. En definitiva, el baile, la música y el ritmo son el mejor ejercicio para que los diferentes sistemas cerebrales se armonicen y sean eficientes los unos con los otros.

Redondo, Víctor (2009). Danza, Neuronas Y Neurotransmisores.

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