Ciencia ficción en el cerebro (III): Mentiras intencionadas

En anteriores artículos hemos revisado algunas de las características de dos fenómenos distorsionadores de la memoria, los falsos recuerdos y las confabulaciones. Ambos tenían en común el hecho de suceder a espaldas de la conciencia de la persona, que casi siempre anda convencida de estar en la posesión de la verdad más absoluta. Para finalizar la serie de fenómenos ‘deformadores’ de la realidad, nos queda hablar de esas ocasiones en que la verdad se altera intencionadamente: las mentiras.

Mentiras

Nadie tiene la memoria suficiente para mentir siempre con éxito’ dijo Abraham Lincoln. Y es que para mentir debe tenerse buena memoria de manera que se pueda recordar no sólo la información original, la verdad, sino también la versión que da de ella cada vez que la falsea ante otro… ¡y que no te pillen! Estudios recientes podrían hacer que Lincoln no estuviese en lo cierto esta vez,  y que el refrán ‘se pilla antes a un mentiroso que a un cojo’ no sea tan cierto después de todo.

Mentir es el acto de generar una información falsa, de forma intencionada y generalmente de forma recurrente.

No todas las mentiras conllevan el mismo tipo de esfuerzo mental. Parece que crear una falsa descripción de algo que no se ha experimentado (mentiras por invención) exige más recursos que negar haber visto o vivido algo (mentira por negación).

Sin embargo, si no queremos que nos ‘pillen’, no podemos inventarse una historia tan extraña que no haya quien se la crea. Nuestra mentira debería ser lo más parecida posible a la realidad, y en ese proceso de ‘creación del engaño’ generamos no sólo rasgos perceptivos o físicos semejantes a situaciones/elementos reales (por ejemplo llegar tarde al trabajo porque se ha reventado la rueda del autobús, lo que implicaría el autobús, el ruido del reventón, la calle donde ha sido, etc.) sino que también se favorece la toma de conciencia de las operaciones cognitivas que se usan para mentir (pensamientos, imágenes…). Algunos autores han propuesto que este hecho podría explicar que se recuerde mejor que se ha mentido sobre algo. Es el caso de Kathleen M. Vieira y Sean M. Lane (2013), que mostraron como las falsas descripciones o mentiras por invención serían más fáciles de recordar porque suponen un mayor acceso a los procesos cognitivos involucrados en su propia creación. Así, parece que el tipo de mentira que decimos tiene cierta influencia sobre la precisión con la que juzgamos si en su momento mentimos o dijimos la verdad, al preguntarnos: ¿Mentí o dije la verdad sobre esto?

Pero ¿qué áreas del cerebro participan en la creación de las mentiras intencionadas? Ito y sus colaboradores (2012) publicaron en Brain Research dos hallazgos importantes. Parece que la corteza prefrontal dorsolateral izquierda se activa durante la preparación tanto de la mentira como de la respuesta honesta, aunque más intensamente en la primera. Sin embargo, su actividad se mantendría durante la propia ‘ejecución’ sólo en el caso de las respuestas falsas.

Ver también

Ciencia ficción en el cerebro (I): Falsos recuerdos

Ciencia ficción en el cerebro (II): Confabulaciones