Ha muerto un genio / un loco

Se ha muerto el Niño Miguel.  El Niño Miguel era el nombre artístico de Miguel Vega de la Cruz, un onubense, hijo del Tomate y tío de Tomatito, un guitarrista de talento descomunal.  Decían de él que podía haber marcado un antes y un después en la historia del flamenco, que estaba a la altura de Paco de Lucía.  Juzgue quien quiera por sí mismo.  El caso es que pudo haber sido y no fue por culpa de una adicción a la heroína y de una esquizofrenia que redujo al Genio Miguel a una figura esmirriada y mendicante por las calles de Huelva, agarrada a una guitarra con tres cuerdas vivas.

Quedan del Niño Miguel grabaciones, añoranzas de los entendidos y un rebrote del eterno debate sobre la ligazón entre el genio y la locura.  ¿Es una el reverso tenebroso del otro? 

La existencia de una relación íntima entre inteligencia, creatividad y locura es una tesis atractiva ya desde tiempos aristotélicos.  Tal vez por eso hay una amplia serie de estudios que buscan apuntalarla, sobre todo desde el punto de vista historiométrico.  Así, desde los años 20 se ha estudiado la biografía de eminentes creadores, buscando rastros de psicopatologías.  De particular interés son los estudios de Ludwig durante los años 90.  Ludwig concluye que

1. las personas altamente creativas tienen el doble de posibilidades de desarrollar una enfermedad mental que el común de los mortales, y

2. cuanto más notable sea el creador, mayor probabilidad de desarrollar síntomas psicopatológicos y mayor intensidad de éstos.

El punto de vista psicométrico (estudio de creadores actuales, sometidos a baterías de tests), en cambio, no es tan concluyente.  Por ejemplo, aunque los individuos creativos obtengan resultados superiores a la media en tests que indicarían la presencia de síntomas psicopatológicos, no se instalan meridianamente en rangos anormales.  Además, también obtienen resultados elevados en factores que contrarrestarían los anteriormente mencionados.

En fin, parece éste un debate que, mientras siga habiendo figuras tan atractivas, cuasi-literariamente hablando, como las de John Nash o el Niño Miguel, seguirá burbujeando.  Sirva al menos para llamar la atención sobre las patologías mentales y sobre el trato y la consideración que se da a quien las padecen.