La educación grupal, ¿especie amenazada?

De un tiempo a esta parte la educación se ha convertido en tema estrella de debate. Y es que al modelo educativo que ha determinado una buena parte de nuestras vidas  le va tocando una severa cura de rejuvenecimiento. 

Hablamos de un modelo hecho por y para esquemas sociales y económicos adaptados a un desarrollo básicamente industrial.  Es un modelo nacido en el siglo XIX y que ha cambiado poco desde entonces.  La Revolución Industrial requiere homogeneidad en los recursos, y los recursos humanos no escapan a esa demanda.  Se necesita, pues, un modelo de individuo fungible, alguien mínimamente formado que pueda sustituir a alguien mínimamente formado en la cadena de montaje, un individuo “Ford T” (un coche que podía pedirse en cualquier color mientras el color fuera el negro).  Y se forma a ese individuo con los mismos métodos con los que se fabrica lo que el individuo está destinado a fabricar, en una línea de montaje.  Como bien expone en uno de sus característicos vídeos Sal Khan, una de las personas que están cambiando el mundo de la educación con su Khan Academy, se trata de agrupar al material humano sin procesar en partidas anuales y hacerlos pasar por una cadena de montaje educativa donde se imparten conocimientos en cada punto de la cadena.

Los efectos positivos de este método, más allá de la adaptación a las estructuras económicas, fueron evidentes: igual que el Ford T supuso el acceso de las masas a un medio de transporte moderno y asequible, el modelo educativo del último siglo y pico ha permitido que amplísimas capas de la población a la que tradicionalmente se ha condenado a la ignorancia más absoluta puedan formarse.  El logro de la igualdad educativa fue de tal magnitud que barrió bajo la alfombra del progreso las pegas evidentes del sistema.  Hasta ahora.

El mundo post-industrial es un canto a la variedad.  En su día llegó el just in time y los coches fabricados casi a medida, el marketing hipersegmentado y los “especialistas en ti”.  Y la educación seguía a lo suyo.  Y luego apareció internet y la tecnología personalizadora despegó.  Ofertas personalizadas, grupos de interés personalizados, entrenamientos cognitivos personalizados (¿ya has probado Unobrain, lector?), etc.  Y el mundo educativo preguntándose aún sobre la conveniencia de la segregación en grupos según el rendimiento.

Algún día se les pedirán cuentas a todos estos decididores que aún piensan en términos grupales, industriales, que no saben qué hacer con las colas de la campana de Gauss (si los alumnos más lentos tienen problemas, no los tienen menos los de alta capacidad, que viven como una maldición lo que debería ser un envidiable don).  ¿Cuándo se pondrá el mundo educativo al nivel del resto de industrias y pensará de verdad en un sistema adaptativo y personalizado, que se apoye en las  posibilidades tecnológicas para realizar el potencial educativo de cada alumno desde la formación de las capacidades cognitivas de base (el empeño de Unobrain) hasta la instrucción más compleja? En fin, más leña para la hoguera del debate educativo.  Si hay algún educador en la sala estaría bien conocer su opinión.