La memoria de Cansado

Hasta un tipo alegre y divertido puede sentir preocupación por la sensación de que la edad no perdona… Es el caso de Javier Cansado. Este gran humorista y locutor de radio español al que admiro por hacerme reir a carcajadas y con quien compartí programa de radio el pasado sábado 13 de julio en Cadena SER, está preocupado por su memoria.

Pues sí, y veamos, ¿quién no ha salido de casa y no sabe si ha apagado la luz? o ¿quién no ha pasado un mal trago tratando de encontrar el coche en el parking de un centro comercial porque no es capaz de recordar dónde lo aparcó? Estos despistes cotidianos se presentan frecuentemente, aunque es cierto que a partir de cierta edad preocupan un poco más por el miedo que despiertan enfermedades tan devastadoras como el alzhéimer.

Como nos contaba Cansado en ‘A vivir que son dos días’ junto a su tocayo Del Pino (minuto 30 del audio), llega un momento en que a uno le cuesta hacer cosas que antes sí podía. A lo que él se refería, sobre todo, es al hecho de poder realizar varias actividades a la vez o de tener varias cosas distintas en la cabeza. 

Cuando eso pasa, lo que sucede es más un problema de atención que de memoria propiamente dicha. Desde la Psicología se han creado modelos que intentan explicar este tipo de fallos. Uno de los modelos que nos ayuda a comprender estos fallos es el modelo de recursos limitados de Kahneman (1973). Según este modelo la atención es un recurso que puede repartirse entre distintas actividades. El problema es que cuando dos tareas o más son muy exigentes (difíciles, nuevas) o son muy parecidas entre sí, puede ocasionarse una interferencia que lleva a esos fallos cotidianos ya que no habría recursos suficientes para todas las acciones (como extender una cantidad limitada de mantequilla sobre muchas tostadas).

Algunos años más tarde, Shiffrin y Schneider (1977) desarrollaron otro modelo que también explica esas situaciones tan molestas. Es el modelo de doble procesamiento de la información en el que se diferencia un sistema consciente y controlado de otro no consciente y automático. Según su planteamiento, hay tareas que sabemos hacer muy bien, son automáticas y requieren poco esfuerzo, pocos recursos. El problema viene cuando las tareas son nuevas, están menos automatizadas y requieren mucha más atención consciente (como cuando aprendemos a conducir, que no podemos llevar la radio encendida ni conversar con ningún acompañante porque sentimos que nos quitan atención). Los fallos se darían entonces en la atención divivida por ir con el ‘piloto automático’ y no haber codificado bien la información, por hacer las cosas como sin darnos cuenta.

La pregunta estrella en el programa fue si puede hacerse algo para afrontar estos fallos. Pues bien, algunas recomendaciones básicas serían:

1.Controlar el número de cosas que pretendemos hacer simultáneamente. Cuando conocemos nuestras limitaciones, podemos poner remedio, y es recomendable ir de una en una al realizar actividades.

2.Prestar atención consciente a lo que hacemos, por ejemplo, verbalizándolo (‘estoy apagando la luz’) o visualizándolo (imaginándonos a nosotros mismos apagando la luz). Esto conlleva dedicar recursos atencionales a la codificación (aprendizaje) de la información, facilitando también su posterior recuperación de la memoria.

3.Darse tiempo para recordar. Con la edad una de las dificultades está en el acceso a la información guardada. Con tiempo y con alguna ayuda (clave) el rendimiento suele mejorar.

4.No obcecarse. Suele decirse que cuando no nos acordamos de algo, por ejemplo un nombre, lo mejor es pensar en otra cosa y al final el dato saldrá solo.

5.Controlar los niveles de estrés, dormir bien, alimentarse adecuadamente y hacer ejercicio físico favorecerán el buen funcionamiento general del cerebro.

5.Mantener el cerebro activo entrenando con juegos y tareas mentales como los que Unobrain ha preparado puede hacer que tu velocidad de procesamiento aumente, tu atención sea mejor y te organices más a la hora de aprender cosas nuevas.

¿A qué estás esperando?