El mito de los hidratos y su efecto en el cerebro

Los hidratos de carbono son biomoléculas orgánicas compuestas por carbono, hidrógeno y oxígeno. Su principal papel en el organismo es el de aportar energía. Están en la base de la pirámide alimenticia, lo que significa que debemos consumirlos todos los días.

En condiciones normales, nuestro cerebro se alimenta de hidratos de carbono. En concreto, de glucosa, de la que consume unos 100 gramos diarios y que es su única fuente directa de energía. Para hacernos una idea, según el estudio Basic Neurochemistry: Molecular, Cellular and Medical Aspects, el cerebro realiza un consumo de un 20% de toda la glucosa que ingerimos, a pesar de ocupar un espacio de sólo un 2% de nuestro cuerpo. Por eso, cuando estamos en situaciones de ayuno o consumimos una cantidad insuficiente de hidratos, estamos obligando a nuestro organismo a realizar grandes esfuerzos por cubrir las necesidades energéticas del cerebro y podemos llegar a sentirnos mareados o cansados.

Existen dos tipos de hidratos de carbono. Los simples y los complejos. Y cada tipo actúa de manera diferente en nuestra salud cerebral.

Los hidratos de carbono complejos son asociaciones de los simples. Durante la digestión se descomponen en simples para poder ser absorbidos por el organismo. Al tener que descomponerse, tardan más en ser absorbidos y penetran en el torrente sanguíneo de una forma más lenta y progresiva que los simples. Este tipo es el que debemos consumir cada día. Algunos ejemplos de hidratos de carbono complejos son los cereales y sus derivados, el pan, la pasta, el arroz, etc.

Los hidratos de carbono simples deben consumirse ocasionalmente, porque los alimentos ricos en azúcares simples no son buenos para nuestro organismo. Solemos pensar únicamente en la obesidad, en las caries, en el colesterol… si abusamos de este tipo de azúcares, también se puede ver afectada nuestra salud cerebral. Un exceso de azúcares está relacionado con una mayor incidencia de obesidad y con el desarrollo de diabetes mellitus tipo 2. Ambos son factores de riesgo que propician los  accidentes cerebrovasculares. Según el estudio El alzhéimer y la diabetes tipo 2: Dos enfermedades conectadas de la Alzheimer’s Association, existen evidencias que relacionan la diabetes mellitus tipo 2 con una mayor aparición de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. Algunos ejemplos de alimentos ricos en hidratos de carbono simples son los refrescos, snacks, bollería industrial, etc.

Los hidratos son necesarios para nuestra estabilidad mental y emocional y para nuestro rendimiento en atención y  concentración. Es muy frecuente caer en el error de ponerles la etiqueta "engordan" y luchar por suprimirlos de nuestra dieta, lo que puede suponer una pérdida de capacidades físicas y mentales. Lo que nos hace ganar peso es el exceso de calorías y la mala distribución de los distintos macronutrientes. Tenemos que consumir hidratos en las cantidades óptimas para mantener el cerebro nutrido y para que tenga energía para realizar todas sus funciones.