Vivir en un eterno presente

Vamos a imaginar que todo lo que vivamos y hagamos a partir de este instante, no lo recordaremos más de 20 segundos. Así, nos pondremos en la piel de H.M., uno de los  pacientes más famosos e importantes de la historia de la neurociencia, que pasó 55 años de su vida prestándose a profundos estudios sobre su caso. Gracias a él y a su enfermedad, se han podido realizar grandes avances en el área de la memoria.

Nació en 1926 y era un chico normal hasta que, a partir de los 16 años, comenzó a sufrir ataques de epilepsia y convulsiones frecuentemente. En 1953, a la edad de 27, su médico decidió intervenir quirúrgicamente para evitar estos ataques. Para ello le fue extirpado buena parte del hipocampo, una zona del lóbulo temporal. Como resultado, se redujeron notablemente los ataques, pero también se produjo un cambio irreversible: el paciente perdió la capacidad para almacenar nuevos recuerdos y quedó anclado en 1953.

H.M. tenía una buena memoria a corto plazo, pero no podía transformarla en memoria a largo plazo. Todo lo que hacia lo olvidaba aproximadamente en 20 segundos y no lo volvía a recordar. Sin embargo, sí era capaz de recordar elementos de su infancia y momentos anteriores a la operación. Así, gracias a las investigaciones en el caso H.M., se conoció profundamente el sistema de la memoria y se comprendió que no era tan sencillo como se pensaba.

La operación y la extirpación del hipocampo le provocó una amnesia anterógrada, que le impedía recordar todo que sucedió después de la operación, y por lo tanto almacenar nuevos recuerdos. Asimismo, tuvo cierta amnesia retrógrada, que además era gradual, ya que tenía numerosos recuerdos de su infancia, y algunos de su etapa de adulto, pero muy pocos de los meses anteriores a la operación.

Y con esto, H.M. pudo hacer una vida medianamente normal, aunque viviendo en el pasado. Aprendía a hacer cosas nuevas, que no había aprendido antes de la operación,  con práctica y entrenamiento, pero no recordaba cuándo ni cómo las había aprendido.  Por ejemplo, hicieron un experimento en el que tenía que dibujar una estrella, pero mirándola en un espejo, algo que no resulta nada fácil incluso para personas sin problemas cerebrales. Cada ensayo era nuevo para H.M., pero iba mejorando con la práctica,  y un día exclamó: “¡Pues no era tan complicado como parecía!”, sin percatarse de que había practicado decenas de veces. 

A los 54 años fue internado en una residencia, donde pasó el resto de su vida. Se llamaba Henry Gustav Molaison, y su nombre completo sólo se conoció después de su muerte, en 2008. Esa misma noche, los investigadores se pasaron horas haciendo escáneres al cerebro de H.M., uno de los pacientes que más ha aportado a la historia científica.