Yago Mahúgo: Recuperando la melodía del movimiento

De vez en cuando nos gusta contar historias de verdad, relatos de esos que hablan de personas reales que son ejemplos vivos de superación personal y de plasticidad cerebral. Hoy le toca el turno a Yago Mahúgo, un joven y excelente pianista y clavecinista madrileño que sufrió un ictus en su cerebelo hace dos años.

Según cuenta sobre este episodio Benjamín G. Rosado, todo sucedió un día después de una fiesta, en que Yago amaneció con dolor de cabeza y vómitos, y aunque fue al hospital, el TAC (tomografía axial computerizada) que le realizaron no mostró nada raro. Por prevenir, esa noche se quedó en el hospital, y menos mal pues mientras dormía sufrió un infarto en el cerebelo y una hidrocefalia (acumulación de líquido cefalorraquídeo) que lo llevó a entrar en coma debido a la gran presión que había dentro de su cráneo. Le intervinieron de urgencia para rebajar la presión y testigo de ello es la cicatriz que ocupa su coronilla: una costura de impresión que llega hasta la cuarta vértebra y que permite hacerse una idea de lo grave del asunto… Y eso que lo más grave no es lo estético. Yago, un virtuoso con sus manos, ahora no podía coordinar sus movimientos, tenía visión doble y problemas de memoria. No podía atarse los cordones, no sabía cómo abrir una puerta o cómo escribir… y por supuesto no podía tocar el piano. Así es como su cerebelo dañado había afectado a sus capacidades cognitivas y motoras.

Mahúgo tuvo que pelear durísimo primero para sobrevivir y después para recuperar su habilidad al piano. Tuvo que aprenderlo todo desde el principio, como hacen los niños que por primera vez se enfrentan a las teclas, y suponemos que tuvo que hacer frente a los miedos y la frustración de haberlo podido hacer antes y ahora no. Por fortuna, ha vuelto a tocar e incluso dice que ahora es incluso mejor porque ha dejado atrás esos ‘vicios’ que se van adquiriendo al aprender. El neurocirujano que le operó afirma que su rápida recuperación quizá haya sido posible gracias a su práctica prolongada como músico, y hay investigaciones que han encontrado que los músicos profesionales tienen mejor algunas de las funciones cognitivas.

Sabemos que dedicarse a la música es un tipo de entrenamiento cerebral y una forma de generar lo que llamamos ‘reserva cerebral y cognitiva’. Está claro que no es la única forma de hacerlo. Aprender idiomas, leer, jugar al ajedrez, entrenar con juegos cerebrales… son todas formas de hacer trabajar al cerebro y fomentar las conexiones neuronales. No lo dejes para luego...