Experiencias cercanas a la muerte (I): La luz al final del túnel

Las experiencias cercanas a la muerte (ECM) se definen como un ‘estado alterado de conciencia durante un episodio de inconsciencia asociado a una condición que amenaza la vida’. Así lo escribió en 1975 Raymond Moody, tras publicar las experiencias de más de cien personas que habían estado cerca de morir.

¿Qué fenómenos componen una ECM?

Enrico Facco y Christian Agrillo de la Universidad de Padua en su trabajo Near-death experiences between science and prejudice, publicado en 2012 en Frontiers of Human Neuroscience enumeran algunas características comunes en las descripciones aportadas por todo tipo de pacientes, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, sin importar cultura, nivel educativo, situación económica, creencias… Tenemos así, que en una ECM suelen aparecer:

- La famosa percepción del túnel y la luz brillante.

- Experiencias extracorpóreas o de salirse fuera del cuerpo.

- Reencontrarse con familiares ya fallecidos.

- Revivir o hacer un repaso de las experiencias vitales.

- Sensación de claridad mental y conciencia de estar muerto.

- Generalmente, aunque no siempre, se vive con agrado y felicidad.

Aunque según los autores, no puede establecerse un dato exacto, se estima que la incidencia de la ECM está entre un 3% y 5% de la población general. Este dato junto con el hecho de aparecer en personas de razas y condiciones distintas, ha hecho que desde el ámbito científico se hayan intentado explicar estos fenómenos que desde siempre han tenido un toque ‘paranormal’. Así, ya en 2011, Mobbs & Watt publicaron un artículo que intentaba buscar explicaciones neurocientíficas a varios de los componentes de estas experiencias, argumentando que no hay nada de paranormal en las ECM.

La luz al final del túnel desde la Neurociencia

Vamos a hacer aquí una pequeña revisión de las explicaciones científicas que se han propuesto para la percepción del túnel y la luz brillante al final del mismo que generalmente es descrita por las personas que dicen haber tenido una ECM. 

Según Mobbs & Watt (2011), es muy común que en una situación crítica para la vida, se tenga la percepción de moverse en un túnel oscuro para finalmente verse rodeado de una luz intensa. Se ha hipotetizado que este fenómeno podría explicarse por la existencia de cierta actividad visual concurrente con la isquemia (falta de sangre y oxígeno) en la retina, a lo que se ha llamado isquemia centrípeta. A nivel cerebral, estos datos se explicarían por la excitación de un tipo de células en la corteza que procesan la visión en la fóvea (centro) y en la periferia, dando lugar a un centro brillante y una periferia oscura (esto es, un efecto túnel).

La visión del túnel se puede reproducir artificialmente. Se ha hecho con pilotos de la G-force a los que se induce un ‘síncope hipotensivo que causa una pérdida de visión de la periferia al centro en unos 5-8 segundos.

De hecho, hay patologías como el glaucoma, un trastorno en el que hay pérdida de visión por un aumento de la presión intraocular, en que puede presentarse también una pérdida de vista que lleva a esa visión en túnel.  Por otro lado,  este acontecimiento es también frecuente en dos fenómenos relacionados con la muerte: el miedo extremo y la hipoxia (falta de oxígeno).

No obstante, y para añadir algo de intriga al tema, existen críticas a este planteamiento. Las publicaciones recientes lanzan algunos argumentos que diversos autores han propuesto para cuestionar la hipótesis de la isquemia retiniana. De forma general, uno de esos argumentos afirma que los niveles de oxígeno en personas que han sufrido una ECM son los mismos o incluso mayores que los de los controles. Más específicamente, se ha lanzado la idea de que en un daño cerebral repentino y severo como el que tiene lugar tras un paro cardiaco, no hay tiempo para experimentar una visión de túnel, pues el cerebro es más sensible a la falta de oxígeno que los órganos periféricos. También se ha puesto en duda su papel en el coma debido a daño cerebral agudo, puesto que en muchos casos la patofisología no implica isquemia retiniana. Finalmente, puede que la visión del túnel esté relacionada con lo que han definido otras personas a las que experimentalmente se expuso a una fuerza centrífuga como un oscurecimiento del campo visual (que se hace gris progresivamente).

Nuevos trabajos como el de István Bókkon & Vahid Salari (2012) proponen que la luz brillante que se percibe puede tener lugar en el período de recuperación del paro cardiaco, y no durante él, como realmente piensan los pacientes. Según estos autores, el efecto de luz podría deberse a los fotones bioluminiscentes que se generan simultáneamente en la fase de resucitación de las áreas cerebrales, algo que el cerebro interpretaría como proveniente del entorno exterior.

Las explicaciones a este curioso fenómeno no han conseguido eliminar, al menos de momento, ese aura tan mágica que posee para el que escucha estas experiencias, e imaginamos que será aún más impactante para el que lo ha vivido. Si es tu caso y te apetece contarlo, o tienes otra explicación, te invitamos a compartir tus opiniones y experiencias aquí.

 

Ver también > Experiencias cercanas a la muerte II