¿Qué es el Síndrome de Ulises?

Desde hace algunos años ya nos ha tocado de cerca el tema de la inmigración y hemos visto cómo España ha incorporado a su sociedad personas de muy diversa procedencia geográfica. El mundo gira, las cosas cambian y en los tiempos que corren son los españoles los que se han convertido en los nuevos emigrantes hacia otras tierras donde el trabajo es más abundante y hay necesidad de profesionales cualificados.

Parece que, así explicado simplemente con pocas palabras, el acto de marcharse del país de origen de uno mismo es una cosa sencilla, siempre positiva ya que ofrece nuevas posibilidades económicas, profesionales, personales y sociales, y que el que se va tiene más ventajas que inconvenientes. Error. Los menos jóvenes quizá recuerden aquella canción que decía ‘algo se muere en el alma cuando un amigo se va’. Probablemente sea cierto, pero no sólo para el que se queda, sino también parece morir algo en el alma del viajero. Ese aspecto negativo de la migración es lo que se ha llamado ‘duelo migratorio’. Según escribe Joseba Achotegui, de la Universidad de Barcelona, este tipo de duelo tiene algunas particularidades que lo diferencian de otras clases.

- Es parcial, porque el país del que uno se va no desaparece.

- Es recurrente, ya que el emigrante suele tener cierto contacto con el país por vía telefónica o volviendo ‘de visita’.

- Está vinculado a ciertos aspectos asociados a la infancia y muy relevantes como los lazos con el idioma, la cultura, las personas… que contribuyeron a formar la personalidad del emigrante.

- Es un duelo múltiple, compuesto por hasta siete duelos posibles, a saber: duelo por la familia y los seres queridos con la pérdida de apego que conlleva, especialmente si se dejan atrás hijos pequeños; duelo por la necesidad de adaptación lingüística y el menor contacto con la lengua materna; duelo por el cambio cultural incluyendo costumbres, religión, etc.; duelo por los cambios asociados a las características de la tierra, como su luminosidad, los colores, sus olores…; duelo por aspectos relacionados con el estatus social, por ejemplo la burocracia, el acceso al mercado laboral, la vivienda o la libertad; duelo por la ausencia de contacto con un grupo de pertenencia, que en muchos casos lleva a lidiar con el racismo o la xenofobia; y el duelo que conlleva perder la garantía de integridad personal, haciendo frente en ocasiones a riesgos como accidentes laborales o domésticos, el miedo a la expulsión, los abusos y el maltrato.

- Da lugar a cambios en la personalidad, que en ocasiones fortalecen al emigrante pero que también pueden llegar a desestructurarlo.

- Provoca una regresión en la autonomía, haciendo que la persona muestre mayor dependencia y más quejas.

- Sucede en fases definidas, como describe Achotegui mencionando a Bowlby (1980): negación, resistencia, aceptación y resistencia.

- Activa mecanismos de defensa y sesgos cognitivos en el procesamiento de la información del tipo ‘distorsiones cognitivas’.

- Se asocia a sentimientos de ambivalencia hacia los países de origen y al de acogida. Ambos países han proporcionado cosas buenas y malas al individuo, lo que lleva a sentir amor y odio por el mismo objeto.

- Es extrapersonal, en el sentido que también lo sienten las personas que quedan en el país de origen y los que viven en el país de acogida.

- Se produce también al regreso al país de origen ya que al volver se han producido cambios a los que uno debe volver a adaptarse. También porque el que regresa no es ya el mismo que se fue.

- Es transgeneracional, pues continúa en los hijos del emigrante cuando la sociedad no consigue su total inclusión como ciudadanos de pleno derecho.

La elaboración y superación de este duelo es la parte de la migración ligada a la salud mental, y cuando no se logra puede desembocar en el Síndrome de Ulises. Muchos hemos oído alguna vez que el ser humano tiene una capacidad de afrontamiento magnífica y que es capaz de superar situaciones increíblemente adversas. Ojalá siempre fuese así. El síndrome de Ulises, también llamado síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple, es un cuadro de estrés grave en reacción a situaciones de duelo migratorio en condiciones extremas que no pueden ser elaboradas o superadas por el individuo. Sus síntomas tienen mucho que ver con las consecuencias del estrés crónico y su correspondiente alteración del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, que ocasionan insomnio, tensión, fatiga, dolores, migraña, problemas cognitivos (por ejemplo de memoria), irritabilidad, depresión… Al hablar de ‘condiciones extremas’ se refiere Achotegui a aspectos como la separación forzada de la familia, la desesperanza cuando los planes que se tenían no salen como uno esperaba, la pura lucha por sobrevivir cuando ni siquiera se dispone de comida o techo o el temor que viven algunos emigrantes ilegales en los viajes, agravados por el hecho de durar meses o años, los sentimientos de indefensión aprendida que desarrolla la persona ante el fracaso de sus múltiples intentos por salir de la situación y en muchos casos la falta de ayuda médica o el desconocimiento del síndrome por parte de los profesionales de la salud.

Después de leer sus publicaciones me quedo pensativa. Si la migración es una tendencia natural en el ser humano, más antigua que el sedentarismo, ¿cómo es que se ha vuelto algo tan aversivo y complicado? ¿Tiene sentido dificultarla? ¿Es rentable hacerlo? Y más aún, ¿es saludable? Creo que merece la pena meditarlo, por todos.