Inteligencia y cerebro: una relación que cambia con la edad

La inteligencia es uno de esos constructos psicológicos que sigue levantando polémica y generando investigaciones y teorías al respecto. Desde el punto de vista más neurobiológico, se han realizado esfuerzos por averiguar cuáles son las características de los cerebros de aquellas personas que son más inteligentes y cómo esos rasgos pueden ir modificándose con el paso del tiempo.

Uno de esos trabajos ha sido realizado por Hugo G. Schnack y un amplio equipo de colaboradores, y sus resultados se han publicado recientemente en la revista Cerebral Cortex (2014).

En el experimento contaron con la participación de más de 500 personas de edades comprendidas entre los 9 y los 60 años. A todos ellos se les realizaron test de inteligencia (con distintas versiones de la Escala de Inteligencia de Wechsler para niños y para adultos) y pruebas de resonancia magnética en el momento inicial del estudio y en otro momento posterior (tras un tiempo que varió entre 1.75 y 7.60 años). Los autores analizaron la relación de los cocientes de inteligencia obtenidos por los participantes con dos medidas concretas: el grosor de la corteza cerebral y la superficie de corteza cerebral.

Los resultados mostraron que:

-Los niños de 10 años más inteligentes tenían un grosor ligeramente menor de la corteza cerebral que los niños menos inteligentes y esta relación se volvía más acusada con la edad hasta llegar a los 42 años.

-En torno a los cuarenta años, una mayor inteligencia se asociaba a un mayor grosor de la corteza cerebral.

-A la edad de 10 años, los niños que puntuaron más en inteligencia, mostraron una mayor superficie cortical y esa superficie sigue expandiéndose hasta alcanzar su máximo en la adolescencia.

Según concluyen los autores, la inteligencia podría depender de la magnitud y temporalidad de los cambios que tienen lugar en la estructura cerebral durante el desarrollo, más que de la propia estructura del cerebro. Además, como ya hemos comentado en otras ocasiones, el cerebro nunca está terminado. Esto abre la posibilidad de desarrollar nuestras capacidades y modificar nuestros cerebros gracias a la experiencia, y basándonos en la neuroplasticidad. Como solemos decir: No te conformes con el cerebro que te ha tocado y trabaja por un cerebro mejor.

 

Imagen: Geraint Rowland (Flickr)