Atención al déficit de atención y la electroencefalografía

En las patologías, como en los bailes y en las blusas, también hay modas.  Por ejemplo, esta generación se está llevando mucho el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, TDAH para los amigos. 

Para los que no están a la última, ¿eso del TDAH qué es?  Pues es lo que tiene a los padres frecuentando las consultas de los psicólogos infantiles (varía según los países, pero en el mundo desarrollado el TDAH motiva de media un tercio de las consultas a estos profesionales).  Se trata, de manera sucinta, de un trastorno comportamental caracterizado por una escasa capacidad de concentración, falta de autocontrol motor y emocional e impulsividad.  Dicho así, parecería que el TDAH sería casi consustancial a la condición de niño.  De ahí tal vez el que este trastorno, que tiene efectos muy nocivos en el rendimiento escolar, la convivencia familiar o la sociabilidad del afectado, y que puede derivar en cuadros depresivos o de adicción, pasase tradicionalmente como travesuras de niño travieso.  De ahí tal vez también que ahora que el péndulo se ha balanceado hacia el otro extremo comience a haber una preocupación generalizada por el posible sobrediagnóstico del trastorno por déficit de atención con hiperactividad.  Así, por ejemplo, se estima que en EE.UU. un 20% de la población infantil está diagnosticada como casos de TDAH, pero que su prevalencia real está “sólo” entre un 5% y un 10%.

No es el del sobrediagnóstico del TDAH un problema menor.  En la inmensa mayoría de los casos, el diagnóstico de TDAH supone el tratamiento farmacológico con estimulantes.  ¿Qué estimulantes?  Anfetaminas o metilfenidato, una sustancia cuyos efectos se han comparado a los de la cocaína.  Cualquier padre que haya tenido la ocasión de comprobar los efectos secundarios de esas pastillas que recetó el médico para el niño (las noches de insomnio, las peroratas nerviosas y eufóricas puntuadas por tics, la falta de apetito prolongada…) sabe que estos tratamientos no son ninguna broma, y que en el caso de quienes bordean el TDAH desde el lado sano, pueden y deben ser sustituidos por, por ejemplo, programas de terapia conductual.

Afortunadamente, las ciencias adelantan que es una barbaridad, y esta semana una vieja amiga de Unobrain, la electroencefalografía, ha acudido al rescate.  La FDA, la muy exigente agencia norteamericana encargada de supervisar la seguridad médica y alimentaria, ha aprobado el sistema NEBA.  En un cuarto de hora y de manera no invasiva, NEBA puede confirmar o poner en duda un diagnóstico de TDAH.  Lo hace midiendo las ondas cerebrales del niño, particularmente en las bandas theta (4-8 Hz) y beta (13-30 Hz), pues se ha observado que aquellos niños aquejados de TDAH exhiben una ratio theta/beta superior a los niños sanos. 

La aportación de NEBA permitirá, esperemos, que ese 10% de niños que hoy son falsos diagnósticos no sean sometidos a barbaridades farmacológicas innecesarias.  Y eso no es todo.  La electroencefalografía también presenta una esperanza para aquellos que sí han sido diagnosticados correctamente.  Hoy estamos en un estado embrionario, en el que programas como Focus Pocus, basados en el casco Mindwave de Neurosky, ofrecen resultados prometedores para el apoyo al tratamiento del trastorno por déficit de atención con hiperactividad, pero esto es sólo el principio.  El futuro de la electroencefalografía doméstica se presenta muy, muy interesante.

Por cierto, y ya que estamos, ¿habéis probado ya, lectores, los nuevos ejercicios de relajación y concentración con casco de electroencefalografía de Unobrain?  Merecen mucho la pena.